Un terrible mal ejemplo

ABR, 09, 2018 | 00:15 - Por MANUEL CASTRO M.

En los próximos días habrá elecciones presidenciales en Venezuela, que no serán ni libres ni justas. Se ha impedido la participación de los líderes de la oposición mediante la cárcel o triquiñuelas legales, pues son elecciones amañadas y precipitadas para ungir de presidente a Maduro hasta el año 2022. Es indiscutible que el sistema es propio de los países totalitarios. Con elecciones, los Castro perduraron cincuenta años, los Ortega siguen, Evo será reelegido quiera el pueblo o no, Putin es el nuevo zar de Rusia.


Lo triste es que los países latinoamericanos en su gran mayoría, con el Ecuador a la cabeza, reconocerán a Maduro como presidente electo. La razón es sencilla tienen miedo a la verdad, de reconocer que en Venezuela no hay libertad ni democracia, miedo a aplicar la Carta de Conducta Roldós y las leyes internacionales y de cortar toda relación con el gobierno de un pueblo esclavizado, que sufre hambre y represión, sujeto a errores y abusos de parte de sus gobernantes. “Si cierras la puerta a todos los errores dejas afuera la verdad” dice Tagore, pues ni siquiera el gobierno venezolano tiene la excepcional habilidad de mentir. Mientras tanto, nuestra Canciller viajará a Bakú (Azerbaiyán) a una cita de Países no Alineados, cuyo lema es “promover la paz internacional”, indiferentes al próximo fraude electoral en Venezuela y al secuestro de los periodistas ecuatorianos.


Pero lo más indignante –además de la ceguera internacional- es que en las elecciones de Venezuela en las que no participará la oposición, es que el señor Henry Falcón, exchavista, exmiembro de la MUD, se lanzará de candidato. Ni siquiera es un “chimbador” sino un títere de Maduro para aparentar que ha tenido un contendor en dichas elecciones. El señor Falcón, con desvergüenza única y audacia pagada, hasta afirma que derrotará al chavismo. Seguramente se le pagará, aunque no se le premiará por su “cívica” participación.


Ojalá no nos veamos en ese espejo en el Ecuador en las próximas elecciones, porque lo malo e infame es lo que se aprende o aplica más pronto, sobre todo si se defiende un “proyecto”.


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