La resaca del 68

MAY, 19, 2018 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

En 1968 la Universidad Católica de Valparaíso era un hervidero ideológico y cultural de una fecundidad pasmosa; esta eclosión de novedades no se debía tan solo al arribo de las noticias del “Mayo francés”, pues se venía gestando desde antes, pero el “mayo” fortaleció el proceso. En esos momentos no siempre era fácil separar el oro de la ganga, el bosque cultural, muy impregnado de marxismo gramsciano, impedía ver con claridad los árboles de la realidad. 

A los cincuenta años de los hechos, con la perspectiva dada por el tiempo y con la ponderación de la experiencia y de las innumerables lecturas, la visión a lo mejor es más clara y objetiva. Ya no nos entusiasman los lemas paradójicos como “Seamos realistas, pidamos lo imposible”. Hoy constatamos que la cultura occidental sufrió uno de sus peores reveses al aceptar el “vale todo”, el relativismo esterilizante que pasó a dominar al pensamiento y a la acción.

El 68 nutrió a las masas  de una cultura superficial, de revista de peluquería, de notas científicas preparadas por aficionados o becarios mal educados. De allí a la irresponsabilidad y al cinismo solo faltaba un paso, que se dio muy pronto caprichosamente. Los resultados están a la vista: crisis total.

El 68 fortaleció el viejo gnosticismo, nunca muerto, con su dosis de permisivismo disolvente. La sociedad occidental se encontró huérfana de valores, comenzando por el de la vida, reducida a un acopio de goces egoístas. Continuó, fortalecido, el ataque a la familia como soporte de la transmisión de valores como la unión, la solidaridad, la entrega, el don de sí… A ello se unió el durísimo ataque fiscal, con calidad de bandolerismo, contra la propiedad, bajo el pretexto de preocupación por los desheredados y que solo condujo al fortalecimiento de las burocracias nacionales e internacionales.

Pero, tal vez la peor consecuencia del 68, es la pérdida de la fe en la propia civilización, en sus fortalezas, en su apoyo al sentimiento de seguridad, en su esperanza hacia el futuro; todo ello por odio al cristianismo. 


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