Al anfitrión del Mundial, Vladímir Putin, no le gusta el fútbol

JUN, 13, 2018 | 11:32

Al anfitrión de Rusia 2018 no le gusta el fútbol. En la foto Vladímir Putin en un acto oficial de la FIFIA.

Ignacio Ortega, Moscú, EFE

No es una leyenda urbana. A Putin no le gusta el fútbol, aunque el Mundial se celebre en Rusia. Desde que llegó al Kremlin hace 18 años apenas ha pisado un estadio, aunque ésta vez no tiene escapatoria.

"Es difícil decir (quién ganará). Hay muchos candidatos: los latinoamericanos, Argentina y Brasil, Alemania también jugó fantásticamente bien en las anteriores copas y España mostró un fútbol de gran calidad", dijo en una reciente entrevista.

Aficionado al judo desde temprana edad y al esquí y al hockey sobre hielo una vez llegó a la Presidencia, Putin raramente habla sobre fútbol, aunque sí lo hace a menudo sobre deportes de invierno, los Juegos Olímpicos y la lucha contra el dopaje.

Nadie recuerda a Putin con una bandera al cuello, como es el caso de su delfín, Dmitri Medvédev, ministros del Gobierno y los jefes de corporaciones estatales como Gazprom, cuyo presidente, Alexéi Miller, es un gran aficionado del Zenit.

La canciller alemana, Angela Merkel, no se pierde un partido importante de la Mannschaft, al igual que ocurre con otros dirigentes europeos, ya no digamos latinoamericanos.

En su reciente visita a Rusia, el presidente francés Emmanuel Macron incluso intentó hacer un símil deportivo con la afición del líder ruso al judo y la suya al balompié para normalizar las relaciones entre Moscú y Occidente.

"Presidente Putin, querido Vladímir, sabemos que a usted le encanta el judo y aprecia la flexibilidad (...) y cualidades como la voluntad, el carácter y el respeto al rival. Hagamos lo mismo en las relaciones internacionales. A mí me gusta el fútbol. Juguemos a un juego colectivo que se cimente en la confianza", aseguró.

Para el jefe del Kremlin el Mundial de fútbol es un proyecto desarrollista con el que quiere sacar al país del atraso, especialmente en el terreno de las infraestructuras, y convertir a Rusia en una de las cinco primeras economías del mundo.

Además, es un instrumento para romper el aislamiento internacional de Rusia, por lo que no dudó en defender al cesado jefe de la FIFA, Joseph Blatter, de las acusaciones de corrupción, y al zar del deporte ruso, Vitali Mutkó, de connivencia con el dopaje.

Lo mismo ha hecho con el sucesor de Blatter, Gianni Infantino, quien no ha querido ni hablar de un posible boicot, ya no digamos de que Rusia se quedara sin torneo por supuestos chanchullos en la elección del país que debía organizar los Mundiales de 2018 y 2020.

Como excepción a la regla, Putin asistió al partido inaugural de la Copa Confederaciones del pasado año en San Petersburgo -aunque no acudió a la final entre Alemania y Chile- y hará lo mismo mañana con el encuentro inaugural entre Rusia y Arabia Saudí en el estadio Luzhnikí.

De todas formas, no se espera que asista a muchos partidos, aunque todo depende de la actuación del equipo nacional, integrado en el grupo A junto a uruguayos, egipcios y saudíes, pero en el que apenas nadie confía.

En cuanto a la práctica del fútbol, hizo una excepción en marzo en el mismísimo Kremlin al darle unas patadas al balón junto a Infantino a falta de cien días para el inicio de la Copa Mundial.

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