El horror del ‘bullying’

JUN, 16, 2018 | 00:15 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

En los meses pasados en nuestro país salieron a la luz un par de casos trágicos de acoso escolar, conocido como “bullying” por el irrefrenable proceso de anglización de nuestra lengua; otros no llegaron a conocimiento del gran público por haberse dado en instituciones blindadas por su prestigio. 

Fuera de nuestras fronteras, un asesino en serie de un colegio en los Estados Unidos también había sido víctima de ese trato infame; lo trágico de este caso es que una de las compañeras sobrevivientes no mostraba arrepentimiento de haberlo hecho y así causado varias muertes violentas.

En mis lejanos años de escuela fui testigo de varios casos de acoso, de los cuales no supe tomar conciencia; ahora me doy cuenta que los maestros no daban importancia a esos hechos y los dejaban pasar. Parecía parte normal de la vida escolar el que unos niños se burlaran de alguno, aunque, en general, las burlas no solían durar, en algún caso se prolongaban más de un año escolar.

Los casos conocidos en nuestros días revisten mayor gravedad, el acoso llega a niveles extremos e insospechados de crueldad; se tiene la impresión de que la sociedad ecuatoriana no se ha dado cuenta todavía de la importancia de estos hechos: pocas o muchas personas ven destruidas sus vidas casi sin remedio porque las consecuencias de verse no solo alejados del grupo de compañeros sino condenados a la burla sistemática duran para siempre. 

Hoy los modos de acosar se han endurecido, han pasado los límites de la mala educación para llegar a la delincuencia. Hace falta una reacción masiva, coherente y dura de la sociedad para frenar esta tendencia destructiva en nuestros niños y jóvenes; en ello deben colaborar, como es evidente, en primer lugar los maestros, con la atención debida para identificar los casos y orientar a los alumnos al respeto mutuo. 

Los padres de familia también tienen su papel protagónico: nunca amparar a sus hijos acosadores ni defenderlos contra viento y marea. Pero, mientras no se enseñen valores trascendentes ¿será posible erradicar el acoso? Lo dudo muchísimo.

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