Cultura de la violencia

JUL, 08, 2018 | 00:05 - Por FABIAN CUEVA

Fabián Cueva Jiménez

La proclama en el himno del “Mejía” de Quito al Ecuador dice: “Los sagrados derechos del hombre/ te iluminan con su resplandor”, frases propias de un laicismo puro, que ha estimulado y alienta a miles de estudiantes a luchar por la democracia.  

Lo último en el “Mejía”, el problema supuestamente con un docente, deja otra lección. Después de 10 años que  dejaron al país con miedo, desorden, corrupción y también con violencia, de iceberg cambió a un cúmulo de conflictos. En educación, socarronería se llama  a la violencia, donde supuestamente se debe trabajar para la paz.

En Ecuador, nos falta disciplina en casa, calles, tránsito, en ecología y ahora porque no, en el colegio. Esto significa, parte de profesores que no respetan ni son considerados, alumnos incumplidos y no  reconocidos, padres que abandonan sus responsabilidades y alaban acciones despreciables, autoridades que más dicen que lo que hacen. 

Es en esa convergencia donde se han producido respuestas violentas, miradas como normales, naturales y hasta como la única manera viable para resolver los problemas.

La cultura de la violencia instalada en la educación es agresiva, intolerante, sin diálogo, con conflictos mal abordados, no por la ausencia de  herramientas legales y normativas para evitarlas, sino por la ignorancia, desidia, inercia de autoridades y funcionarios. 

Si todo sucedía: ¿por qué los alumnos no denunciaron?, ¿las autoridades no investigaron?, ¿los padres se silenciaron?, ¿el DECE no informó?, ¿el Consejo Estudiantil no reclamó?, ¿el Gobierno Escolar no intervino? ¿el Comité de Padres de Familia no se quejó?, ¿la autoridad no se percató? y ¿ el código de convivencia qué dice?

Entonces todos son responsables. Los que quieren ayudar al violento y los otros a condenarlo,  pero, nadie mira a los irresponsables, a los que no realizaron un acompañamiento a los estudiantes,  no orientaron a docentes, tutores y padres de familia, no monitorearon y supervisaron.

El centenario “Mejía”, también ya es, el estimulador de cambios.   


[email protected]


 

COMENTA CON EL AUTOR

[email protected]