Revolución y Facebook

JUL, 18, 2018 | 00:10 - Por Rafael Rojas

Rafael Rojas

Facebook censuró la famosa pintura de Eugène Delacroix, ‘La libertad guiando al pueblo’. La imagen había sido utilizada por el dramaturgo francés Jocelyn Fiorina para promover su obra ‘Disparos en la calle Saint-Roch’. Facebook tapó los pechos de la conocida alegoría de la libertad.

Después la red social debió rectificar y admitir su error. En Francia, la censura ha coincidido con el revuelo armado por la más reciente historia de la Revolución Francesa de Annie Jordan. Habrá que leer ‘Nouvelle Histoire de la Révolution’ (2018), pero algunas reacciones desmesuradas nos colocan ante la fatal coincidencia de dos puritanismos: el de las viejas ideologías y el de las redes sociales.

En ‘Le Figaro’, Paul-Francois Paoli acusa a la historiadora de querer revivir el fantasma de Robespierre. Le parece que las páginas dedicadas a los jacobinos del Comité de Salud Pública son demasiado generosas. Como si la propia historiadora renunciara a hablar del ‘terror’, término que supone una visión crítica de los excesos revolucionarios.

Patrice Gueniffey dice en su blog: “En cualquier caso, no es este libro el que revivirá la memoria de la Revolución Francesa. Es un ramo viejo, ni siquiera de flores marchitas. Esta historia sin interés tiene tanto encanto como las flores de plástico que a veces se ven en las tumbas. En este caso, allí donde yace el cadáver de la Revolución Francesa”.

De lo que se trata es de mantener bien muertos a los muertos. O de vivificar a unos y rematar a otros. Se cae en la vieja confusión entre historia y memoria. El trabajo historiográfico no puede someterse a ese tipo de puritanismo ideológico porque corre el riesgo de criminalizar, ya no el pasado —que puede ser criminal—, sino su reconstrucción intelectual.

Supongamos que Jordan ha escrito una apología del jacobinismo, que no parece ser el caso. ¿Quiere desacreditar a Hannah Arendt y a Francois Furet o revivir la violencia revolucionaria? En estos tiempos oscuros, como hace un siglo, se ha llegado a un grado de moralización de las palabras, que estamos a punto de confundir el recuerdo del crimen con el crimen mismo.


*Historiador. Tomado y editado de www.razon.com.mx

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