Los padres ninguneados

JUL, 28, 2018 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

Los romanos solían castigar a los padres de familia descuidados en sus deberes para con la prole con la deningrante “capitis diminutio”: la pérdida de su potestad paterna. La Corte Constitucional acaba de infrigir a todos los padres ecuatorianos una disminución gravísima de sus derechos parentales. La famosa Corte ha quitado a los padres el derecho a cuidar de sus hijos en el tema de las relaciones sexuales cuando estos ya han llegado a la edad de tenerlas, por el mero hecho de poder hacerlo: “…las y los adolescentes,… además de ostentar la categoría de sujetos de derechos, están en plena capacidad anatómica y fisiológica de ejercer su sexualidad” (sic).

Supongamos que la Corte hubiese razonado de igual manera en el tema de la nutrición: un niño a los seis o siete años ya tiene la madurez necesaria para alimentarse por sí solo, ya no es necesario que su mamá o su papá le lleve la sopa a la boca con el consabido “esta por la abuelita”, “esta por la tía Michita”, ya goza de autonomía animal alimentaria; sin embargo la Corte no ha decidido que los niños deben ser protegidos y amparados en su derecho a comer lo que les dé la gana, cuando y dónde les da la gana; ni ha sacado a relucir el argumento propio de los totalitarismos del “Estado salvador externo” (sic). Y ello porque es absurdo. ¿“Salvador externo” frente a los malvados o incapaces padres?

Las relaciones sexuales no solo tienen que ver con el acto carnal, pensar así es reducir al ser humano a la animalidad; en ellas está involucrada la persona en su integridad, o debería estarlo si no se mete el Estado omnipotente. La relación sexual entre humanos tiene que ver también con la afectividad, la emotividad, la racionalidad…. La madurez veterinaria no garantiza las otras. Los padres se ven en la imposibilidad de guiar a sus hijos en el desarrollo humano de su sexualidad, o de pedir ayuda a quienes ellos elijan; con esto sus hijos crecerán imbuídos de un hedonista egoísmo crónico: reducidos a instrumentalizadores o a  instrumentos desechables. Y no es la única consecuencia negativa.


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