¡No al hombre de paja!

AGO, 04, 2018 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

Prácticamente todos quienes critican a los que nos hemos opuesto al fallo de la Corte Constitucional sobre “los derechos reproductivos” de niños y adolescentes usan la falacia del hombre de paja en sus argumentos. No señalan con exactitud nuestros argumentos para refutarlos, sino que se van por la tangente: ponen en nuestra boca tesis nunca pronunciadas y las destrozan, en pocas palabras fabrican un hombre de paja, distinto al real, para acabar con él. 

Entendámonos: nosotros pedimos dos puntos fundamentales: a) el respeto irrestricto al derecho de los padres de familia a educar como ellos escojan a sus hijos; b) que la educación sexual impartida a las personas en proceso de formación sea integral, no solo “veterinaria” (así la definía con razón una madre de familia y maestra). 

No es verdad que nos opongamos con ceguera fanática a “impartir educación sexual de forma adecuada, precisa, objetiva y científica”, según escribió hace pocos días uno de nuestros detractores más respetuosos. Justamente pensamos, con datos a la mano, con evidencias empíricas incostrastables, entre ellas lo sucedido en otros países y en el nuestro, que la educación sexual aquí no cumple con esos requisitos: no es ni adecuada, ni precisa, etc.; añadamos, ni completa, ni respetuosa de la psicología de la edad evolutiva.

No podían faltar los críticos que se han referido a la Inquisición, ¡cómo no iban a caer en el manoseado lugar común! con tamaña confusión sobre los procedimientos. El caso es exactamente lo opuesto: fuerzas semianónimas nos condenan y pretenden quitarnos la voz porque pensamos diferente y rechazamos caer víctimas de un colonialismo cultural impuesto desde fuera. 

Nótese que nuestras peticiones no se basan en creencias religiosas de épocas pasadas, llenas de prejuicios caducos; se fundamentan en conceptos filosóficos muy claros y en conocimientos científicos  asentados, no argumentamos en base a nuestra fe, conocemos muy bien el medio en que vivimos; nuestra alarma se fundamenta hasta en la Teoría de la Evolución. Lo demostraré en artículos venideros. 


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