Desencanto por los políticos

AGO, 27, 2018 | 00:02 - Por MANUEL CASTRO M.

Cerca ya de las elecciones seccionales del próximo marzo de 2019 se escucha, ya se sea por las encuestas, o por la opinión de analistas serios y finalmente por políticos que no tienen opciones o han fracasado (los de Alianza País y los ultra izquierdistas, por ejemplo) que el pueblo no tiene confianza en los políticos y que mantiene una total indiferencia ante los próximos eventos electorales.


La razón es por la propia naturaleza de la política, que es la búsqueda del poder, el cual no llega a todos, y por resultados que no son beneficiosos para la gran mayoría. Mal puede tener confianza el pueblo en los políticos cuando en los últimos diez años ha sido engañado, saqueado y mentido, desde luego que ha caído en las hábiles trampas de un supuesto socialismo, de una propaganda falaz y lo que es grave e insubsanable: la falta de ética de los gobernantes, seguidos de una caterva de sumisos no por débiles sino por aprovechadores.


Lo de la indiferencia no es tan cierto, tanto que se habla, aunque sea mal, más de política que de fútbol o de las debilidades de los vecinos o de los rivales profesionales, y escasamente de literatura o de ciencia, salvo cuando se refiere a las enfermedades, en las que casi todos somos especialistas. Lo grave de los criterios peyorativos sobre la política es cuando toman cuerpo, pues bien dice Bernard Shaw:  “Las opiniones se convierten en cosas de cuidado cuando a los hombres les da por obrar según ellas”.


Pues si consideramos que la política es “Juego sucio de compadres” (Pío Baroja), actuaremos y dejaremos actuar según este criterio, El mundo también ha avanzado por los políticos, por grandes idealistas que la han convertido en lo que es o debería ser: ciencia y arte al servicio del bien común. Debemos ser exigentes desde luego, para empezar con nosotros mismos, pues mediante el sufragio la voluntad general se vuelve indestructible. Rousseau afirma que tenemos un “Contrato Social que es una apoteosis de la libertad”. Y con humor sostiene: “Si fuera príncipe o legislador no escribiría sobre política, lo que hay que hacer lo haría o me callaría”.


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