Experiencia crea ciencia…

SEP, 02, 2018 | 00:05 - Por ALFONSO ESPIN MOSQUERA

Alfonso Espín Mosquera

No es fácil la situación financiera del país. Los ajustes en los precios del combustible, según el Ministro del Trabajo, permitirán los pagos a quienes se jubilan con el derecho de haber laborado tantos años. La gente se revela en contra del alza de precios provocada por la gasolina más cara, otros razonan sobre la grave situación económica, herencia de la “década ganada”, y justifican la medida y aun piensan que ojalá den cuenta los implicados, quienes años atrás se mostraban espléndidos con el dinero del Estado. 

Mientras tanto, los venezolanos en las calles, semáforos y parqueaderos, y en Guayaquil se proclaman candidatos a los gobiernos seccionales, uno de ellos, exarquero de Barcelona, a la prefectura del Guayas, desdiciendo los principios de su expartido, Centro Democrático, donde tal vez no le dieron el “chance” esperado, ahora ofrece “el oro y el moro” para esa provincia, abrazándose con los socialcristianos.

Los “revolucionarios”, los que lanzaban proclamas a favor de Maduro y su antecesor, Chávez, han hecho algún voto de silencio en estos días. Será que les dura o vuelven, sinvergüenzas como son, a la palestra en cualquier momento. 

Resulta difícil creer en las ofertas y acciones políticas. Son lobos disfrazados de ovejas, ya lo han demostrado los unos y los otros, pues viven acechando y a la espera de cualquier error de los que gobiernan en el momento para beneficiarse políticamente. Francamente, no les importa la suerte de la Patria, aunque su boca se llene de estribillos y promesas, para ellos lo interesante es mantenerse medrando de las arcas públicas y gozando de la fama y el poder de sus cargos.

Mucho hay que temer que quienes antes se decían correístas, hoy morenistas, mañana se vuelvan hinchas de cualquier otro, sea de la línea que sea, porque se ha demostrado que no hay credos ni banderas políticas, cuando sus propios intereses estén en juego.

Ojalá los sueldos y prebendas de los ministros, asambleístas y más de esa índole, se ajustasen a la media de todos los servidores públicos, para quitarles la voracidad por ocupar esas dignidades. Ojalá nuestro pueblo haya tomado conciencia y madurez de tantas decepciones a lo largo no solamente del país, sino de Latinoamérica toda, al punto de no volver a creerlos y en las próximas elecciones, que ya van tomando cuerpo, castigarlos en las urnas como se merecen.


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