Vernepia es pop transparente

SEP, 14, 2018 |

Pop. Un género con detractores y amantes a la par. Ha sido acusado de inyectar sobredosis de azúcar a la vida. Tom, el personaje de la cinta ‘500 días con Summer’, por ejemplo, le echaba la culpa por su tóxica visión del amor. Pero también hay quienes lo miran como el estilo mestizo por excelencia.

Entre ellos están los hermanos Nínive y Adrián Sánchez, integrantes de Vernepia, en voz y teclados, respectivamente. Los dos apuestan por un pop transparente, alejado de versiones enlatadas de fácil consumo y más cercano a la esencia británica: con una búsqueda glamorosa y calidoscópica que hace de la música un ‘happening’.
 

Primeras notas
Vernepia nace ocho años atrás. La disciplina del Conservatorio Nacional y la exploración del Colegio de Música de la Universidad San Francisco de Quito confluyen en este dúo descomplicado: sabe que hace pop y procura siempre un punto de inflexión.

Así, con dos discos y un tercero por estrenar en los primeros meses del próximo año, Nínive y Adrián acumulan por lo pronto tres momentos creativos. Un debut muy experimental y sin reservas para la fusión, con cabida tanto para una base rítmica que hace guiños al Caribe y al ‘bossa’, como para algunas pretensiones sinfónicas. Un tema icónico de esta etapa: ‘Corazón de agua salada’. “Vernepia es un proyecto súper personal –dice Nínive al respecto–. Todo lo que queremos probar, lo hacemos”.

Segundo momento, segundo disco: ‘Eo’ (2015). Un deriva ‘synth-pop’, con mucho juego vocal y sí: con una medida justa de ‘auto-tune’ (procesador de audio), pero con un pegue estético, no para enmascarar tesituras que no se pueden alcanzar. ‘Necesidad’ es la canción-emblema de esos días y su video –eminentemente pop-neón– proyectó internacionalmente al dúo.

Tercer capítulo: una premonición. Los Vernepia entablaron una relación creativa con el artista boliviano Andoro Chahín: “un delirio, un guerrero dorado –como se autodefine–. Un artista visual haciendo música y un músico haciendo artes visuales”. 

A inicios de 2016, Andoro se dejó atrapar por la voz de Nínive: una voz educada para el jazz, que deja una brisa de mezzosoprano en el ambiente. Entonces grabaron una canción: ‘Pirotecnia’. Un curioso juguete colaborativo: electrónico, oscuro, energético y con el compás de los caporales paceños y de Oruro. Lo dejaron en ‘salmuera’ y los hermanos hicieron maletas a Gran Bretaña. ‘Spoiler’: ‘Pirotecnia’ se convirtió en un abrebocas de lo que ahora hace Vernepia.
 

Inflexión
Nínive y Adrián se inscribieron en la Bath Spa University, un centro especializado en arte e industrias culturales. Durante año y medio desarrollaron una maestría en composición. “Buscamos un espacio de desafío –recuerda Adrián–. Habíamos llegado a un proceso cíclico y predecible y a nivel artístico necesitas romper ese esquema”.

La vocalista coincide. “Siempre tienes que salir de tu zona de confort”. Pero los días en Bath, ubicada al suroeste de Inglaterra, tenían sus propios rigores. “El lenguaje me sacó el aire –dice Nínive–, pero después sabes que te da una nueva oportunidad de conocerte. Así las limitaciones se convierten en oportunidades creativas”.

Sin embargo, los hermanos Sánchez, mientras duró su maestría, extrañaron la banda sonora que se vive a diario en América Latina. “El tempo más acelerado que nos identifica ahora –explica Nínive–, esa onda más energética nace de la ausencia de la cadencia latina que sentíamos en Inglaterra”. Y enfrentaron aquel período con una investigación sobre la cumbia y –sin prejuicio alguno– sobre el reguetón.
 

¿Pura ‘pirotecnia’?
Un hermoso piano vertical del maestro Luis Verdugo –orgullo ecuatoriano– impone su jerarquía acústica en la cima de Bellavista, donde los Vernepia tienen su estudio. Allí, junto con sintetizadores y cajas de ritmo, el dúo afina los temas que se convertirán en su tercer disco de estudio. Uno de ellos es, precisamente, ‘Pirotecnia’.

“Cuando volvimos a Ecuador, Andoro nos llamó –recuerda Adrián– y nos dijo que iba a lanzar el tema”. De hecho, es el tercer ‘track’ de ‘Inmortal’, el álbum del artista boliviano. “La canción es plenamente coherente con el nuevo momento musical de Vernepia”. Andoro aporta una exploración, desde la electrónica, de los ritmos ancestrales de su país. Y los ecuatorianos imprimen pinceladas de estilos urbanos y caribeños.

¿Un giro efectista, ‘pirotécnico’, del dúo? Para nada. Temas como ‘Pirotecnia’, ‘Pasa el tiempo’ o ‘Curandero’ demuestran la disciplina que Vernepia se echa al hombro para experimentar, fusionar, recrear. (IFP)
 

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