El sistema de partidos

SEP, 16, 2018 | - Por Giuseppe Cabrera

Giuseppe Cabrera

Nuestro modelo político se rige por el sistema de partidos: seccional y nacional, en el primero conviven los movimientos y partidos políticos de alcance cantonal y provincial, que tercian por alcanzar una dignidad de nivel seccional: concejalías, alcaldías, juntas parroquiales y prefecturas, y el segundo, que es el sistema nacional, en el que compiten por la Presidencia, Asamblea y en las próximas elecciones también por las consejerías del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social.

La buena salud de una democracia, se puede medir por su sistema de partidos, en una nación en la que exista un partido único que gobierna, no podemos hablar de que exista un sistema de partidos, por lo tanto hablamos de una dictadura, quedando cada vez menos en el mundo, a las cuales se les adjudique dicha etiqueta; así un sistema en el que existe una variedad de partidos que representan, tanto el sentir ideológico, como intereses nacionales o étnicos de un país, es una democracia con mejor institucionalidad que una que no la tiene, dependerá también del nivel de polarización de una sociedad el saber, si deben existir muchos o pocos partidos representados en el poder legislativo.

No hay democracia sin partidos, pues constituyen pilares fundamentales de la democracia, así los definía Rodrigo Borja y para Sartori, con que existe un grupo político que se identifique con una etiqueta, que se presenta a elecciones, estamos ya hablando de partidos, así que sí, los que se llaman a sí mismos “movimientos” igual y son partidos, esa es la principal diferencia entre un movimiento social, un grupo de presión y un partido político, por eso es un absurdo que se haya prohibido participar a los partidos políticos para la designación del CPCCS, ahora los politólogos deberán buscar una nueva definición de partido, por el pintoresco caso de un país andino que viviendo su realismo mágico latinoamericano, decidió quitar la facultad de designación de autoridades al parlamento para otorgárselo a un organismo ad-hoc, que básicamente ahora se convertirá en un senado, con un nombre más pomposo y presupuesto propio, pero destinado al fracaso como todos nuestros experimentos.

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