Religión y política

OCT, 27, 2018 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

A raíz de las vinculaciones supuestamente detectadas entre el candidato Jair Bolsonaro y una secta evangélica, se ha puesto otra vez sobre la mesa el viejo tema de la relación entre la política y la religión, dado ya por superado. La religión juega un papel demasiado importante en la vida de muchísimos seres humanos como para que los políticos dejen de tomarla en cuenta. A lo largo de los siglos ha habido toda clase de reacciones frente a las creencias espirituales. 

En la Antigüedad clásica era impensable la vida del Estado sin su ingrediente religioso, de allí provinieron las matanzas de cristianos. Por largos siglos se pensaba que una persona devota de una religión no podía, o no debía, obedecer a un monarca seguidor de otra; de allí que la disidencia religiosa era considerada un delito político, asimilado a la traición. En los tiempos modernos la vinculación del estado con la religión casi ha desaparecido, se mantiene solo en los países islámicos: sin embargo, perdura la utilización de las creencias para fines políticos. 

Hace poco más de diez años los ecuatorianos fuimos testigos pasivos de un hecho insólito: un candidato presidencial, Rafael Correa, se hacía fotografiar en el acto de recibir la Eucaristía y un diario de alcance nacional publicaba la imagen. Para un católico consciente, ese acto constituía una manipulación irrespetuosa, por no decir sacrílega, de la base ritual de la Fe: el sacramento más importante de la Iglesia Católica, en el que el protagonista es el mismo Cristo, había sido empleado para atraer demagógicamente a las masas acríticas.

Ya en el poder, ese mismo individuo llamó a los obispos “fantasmas del pasado”, afirmó que “no representaban a nadie”; declaró que “su reino sí era de este mundo” en clara oposición a las afirmaciones de Jesucristo, y así por el estilo. Como se ve, esa religiosidad se asimilaba perfectamente a la de los reyes del Antiguo Régimen, para quienes las creencias y la misma comunidad eclesial no pasaban de ser instrumentos “de su autoridad en la cima de su poder”, como afirmó uno de ellos.


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