Los hipócritas de siempre

OCT, 06, 2018 | 18:05 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

En los Estados Unidos se debate en estos momentos la idoneidad del juez Brett Kavanaugh para ingresar a la Corte Suprema de Justicia. La señora Hillary Clinton se ha sumado, como era de esperarse, a la oposición; en los últimos días ha engrosado la campaña contra él porque ha sido acusado de intento de violación, o algo similar, no queda claro, cuando era jovencito. 

La hipocresía de la señora Clinton se percibe desde kilómetros de distancia: cuando ejercía la abogacía, en 1975, defendió a un delincuente adulto (41 años) que violó a una niña de doce años; es más, atacó de manera calumniosa a la víctima, afirmó que era “emocionalmente inestable con una tendencia a buscar hombres mayores y a participar en fantasías”, se rió de ella y logró, a sabiendas de la culpabilidad del agresor, que la condena fuera de menos de un año de cárcel “por caricias ilegales a una menor”.  Estas “caricias ilegales”  llevaron a la niña a un hospital en estado de coma, provocaron heridas que necesitaron suturas y la dejaron incapacitada para tener hijos. 

Junto a esta doble cara, se halla algo todavía más sórdido, si fuera posible. La oposición de la señora Clinton a la nominación de Kavanaugh también tendría que ver con los 20 millones de dólares que una empresa abortista habría entregado  a la mencionada en su campaña electoral última; pues el candidato es un conocido defensor de la vida desde la concepción. 

Aquí está el busilis, como se decía en tiempos del andavete: el problema no es la mala conducta reprochable de un jovencito sino lo que se teme pueda lograr si ocupa un sillón en la Corte Suprema. Como afirmaba un modesto ciudadano: si salieran a la luz todos los casos de acciones condenables cometidos por jovencitos borrachos, casi ningún político de los Estados Unidos podría mantenerse en el cargo. 

No se trata de defender a los irresponsables, sino de llamar la atención a los puros y limpios: condenen a todos los borrachines de colegios y universidades, a todos, e impídanles ocupar cargos de responsabilidad. (No he hablado de Mónica Lewinsky).


[email protected]


 

COMENTA CON EL AUTOR

[email protected]