Lo cierto no cambia criterios

OCT, 29, 2018 | 00:10 - Por MANUEL CASTRO M.

Manuel Castro

Los fracasos de Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Brasil, Argentina, Ecuador, gracias al socialismo del siglo XXI y sus emperadores Maduro, Ortega, Evo, Lula, los Kichner, Correa, no son reconocidos y aún son tapados por sus fanáticos seguidores y beneficiarios. En broma se dice que no hay peor ciego que el que no quiere oír.

La explicación es que hay gente que no está dispuesta a cambiar, ya sea por razones ideológicas o estomacales. Es difícil convencer a intelectuales y pensadores que no admiten jugar con las ideas básicas del liberalismo, pues niegan que haya una ética liberal y que en el actual mundo solo hay un capitalismo depredador y rebeliones electorales ( sino triunfan sus ideas nada tiene valor).

Se ha depreciado la verdad con eslóganes (por ejemplo, solo la verdad es revolucionaria) o con una propaganda masiva, como lo vimos en tiempos de Correa y que se vive en muchos países del mundo donde gobiernan o populistas o príncipes. A ello se suman las redes sociales donde no imperan la verdad, la evidencia y el talento.

Requiere tiempo cambiar, es necesaria la lectura, la ciencia, la tecnología, la educación, el viajar ayuda a cambiar, a conocer las realidades. Es innegable que la corrupción es parte de la naturaleza humana, pero hay menor donde hay sanción social, por ello es importante el valor de las instituciones (fiscalías, jueces, policía, superintendencias), las cuales deben ser serias, profesionales, donde los billetes no sean superiores a los grilletes, como con humor lo dice el pueblo.

El rechazo a la corrupción, la falta de empleo, ha conducido a los pueblos a confiar en los Bolsonaro, Trump, Erdogan, Putin, etc. La crisis de la democracia es evidente, pues se ha perdido la convicción de como funciona una democracia liberal, pues hemos visto como se ha amenazado a la prensa y atado a la justicia, y en el país y en otros como la corrupción increíblemente ha funcionado como una institución, permitiendo el triunfo de los peores. Cuando se defiende a Correa, a Cristina, a Lula, a Maduro, Ortega no se está defendiendo a personas sino a nefastos sistemas.


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