División de saberes

NOV, 24, 2018 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

Siempre me ha llamado la atención la costumbre ecuatoriana, cuyo origen y antigüedad desconozco, de que el Congreso Nacional, ahora llamado Asamblea en gran logro de cambio revolucionario, haya conformado comisiones ad hoc para analizar diferentes problemas y presentar luego un informe al pleno, como dicen.

Sobre todo admira que legisladores (es un decir) sin preparación especializada, estudien asesinatos o accidentes con víctimas mortales. ¿Acaso no bastan los equipos de expertos que debe haber en la Policía Nacional? A veces se han dado casos de evidente desfachatez, como cuando, hace años, una comisión legislativa viajó a Suiza para estudiar un accidente de aviación porque los motores eran de fabricación suiza, o algo así; las malas lenguas decían que algún turista ecuatoriano se había encontrado con los comisionados en Venecia. Sin comentarios.

Pero llama más la atención que el propio Poder Ejecutivo haya usado la misma artimaña: crear una comisión para investigar cualquier aspecto medio obscuro de la vida nacional, sobre todo cuando las sombras caen sobre su máximo representante. En este caso, ¿no existe una función judicial, con jueces conocedores del tema en cuestión? Desde hace siglos la sabiduría popular ha acuñado una expresión: “Zapatero a tus zapatos”, surgida, según dicen, de que un zapatero criticó el calzado de un personaje de un cuadro y de allí quiso juzgar toda la obra; quien fabrica zapatos debe saber todas las técnicas del oficio, pero no por ser experto en zapatería ya puede analizar cualquier aspecto de una pintura. 

Tanto en la política como en la vida diaria existen saberes y poderes; es propio de las sociedades maduras respetar a quienes poseen los conocimientos adecuados y aprovecharlos. Las sociedades racionales otorgan poder de acuerdo con el saber. Por eso los políticos “buenos para todo” de inmediato demuestran que “son buenos para nada”, pues carecen del saber específico. Se comprende que en la Asamblea funcionen comisiones permanentes, con expertos, lo demás es engañar al personal y pescar a río revuelto.

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