Memoria indispensable

DIC, 08, 2018 | 00:02 - Por CARLOS FREILE

En medio del océano de noticias tristes y vergonzosas que nos agobian, aparece una digna de sobresalir y de quedar grabada no solo en la memoria sino también en la vida de los ecuatorianos: la apertura en Quito del Museo del Pasillo. En tiempos en que pareciera deber patriótico eliminar toda referencia a la cultura mestizo-criolla como columna vertebral de la identidad de la mayoría de ecuatorianos, nos anima el saber que no pasará al olvido el legado musical citadino de las pasadas generaciones. 


Luego de su aclimatación en nuestro país y de recibir influencias varias, el pasillo como género musical pasó a representar la síntesis de la visión de la vida mantenida por los ecuatorianos. A ello contribuyó la incorporación que nuestros grandes compositores hicieron de letras de eximios poetas nacionales. El pasillo ha reflejado los avatares de nuestra evolución histórica, por lo menos desde fines del siglo XIX. 


Por ejemplo, aquellos compuestos durante la Revolución de Concha por anónimos músicos militares serranos. Poco tiempo más tarde las letras de los pasillos muestran las preocupaciones diarias de este pueblo: una cierta angustia de vivir, vinculada en gran parte a la necesidad de amor; la experiencia recurrente del fracaso personal; la constante referencia a Dios como último refugio, aunque también con rebeldía; el horizonte inevitable de la muerte; pero sin dejar de lado la esperanza y la ilusión. 


Además, en el pasillo se hermanan las diferentes regiones y provincias del país, tenemos sobresalientes compositores de Quito, Riobamba, Cuenca, Guayaquil, Loja, Ambato… Cada uno de ellos ha aportado con su estilo personal y ha contribuido a la madurez del género. Lo mismo dígase de los intérpretes, oriundos de todos los rincones de la patria; en ambos casos se han distinguido mujeres y hombres que quedarán en la memoria nacional gracias al nuevo Museo.


Es deber patriótico felicitar a los mentalizadores, realizadores y curadores de este Museo. Como dato mínimo, mi pasillo predilecto es “Sendas distintas” de Jorge Araujo Chiriboga.


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