Ley de comunicación

DIC, 16, 2018 | 00:06 - Por CESAR ULLOA TAPIA

El escenario ideal es la derogatoria de la Ley Orgánica de Comunicación (LOC), sin embargo su imposibilidad por la falta de votos en la Asamblea, permite analizar el tipo de reforma que se pretende aprobar en el segundo debate. La primera consideración inicial es que cualquier reforma no puede ser leída como un acto de generosidad del Presidente ni tampoco de los legisladores, pues es una demanda de varios sectores de la sociedad que han considerado a esta ley nefasta, porque promueve el control y la regulación de la opinión pública. Por lo tanto, la reforma por más mínima que sea es un acto de reivindicación, pero con puertas abiertas a su profundización. 


La LOC debe estar alienada a los tratados internacionales que el Ecuador es suscriptor en materia de Derechos Humanos, civiles y políticos. Las libertades de expresión, opinión y prensa son elementos esenciales y constitutivos de cualquier democracia que tenga un estado de salud vigoroso. En este sentido, cualquier transgresión a las libertades atenta contra la sociedad, si esta no puede manifestar en libertad la pluralidad y la diversidad de pensamiento. Las leyes que actúan en contra de las libertades son propias de regímenes de facto y autoritarios.


Una Ley de comunicación no debe ser entendida y redactada con dedicatoria para los medios de comunicación que están en contra de un gobierno de turno. Una normativa de esta envergadura debe trascender en el tiempo, en la medida que la alternabilidad es un principio de la democracia y que por lo tanto, debe estar diseñada en términos democráticos para cualquier gobierno, indistintamente del signo ideológico que tenga. Por eso, la ley debe ser profundamente respetuosa, defensora y promotora de derechos. Eso no significa discrecionalidad en la acción de los periodistas, sino más bien un trabajo ético y de investigación con el mayor rigor del caso.


Entre las reformas a la LOC se menciona la eliminación de la Superintendencia de Comunicación que fue el resultado de una pirueta ideológica, que no se puede repetir en materia de institucionalidad. Todo lo contrario a la democracia es tóxico para la ciudadanía.


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