Los regalos

DIC, 23, 2018 | 00:04 - Por FABIAN CUEVA

Fabián Cueva Jiménez

Lo responsable sería detener el calendario en diciembre, al menos si los mensajes de sensibilidad: amor, paz, bienestar, solidaridad… son muestras de generosidad para todos. Navidad, sin historias con finales siempre felices, sin fugaces alegrías, sin ilusiones instantáneamente desvanecidas, sin paradojas.

En un cuento, dicen que Diciembre quería sentirse: humilde, sencillo, alegre; mirar al ciprés,   a unos caramelitos y a un modesto juguete, no más; pero que, aparecieron temores, cuando a los centros comerciales llegaron a comprar muchos regalos innecesarios que  terminaban en el botadero. La Navidad se transformó en una película de terror más que en una celebración feliz, donde se confundió el valor y el precio.

Creyendo que la Navidad, más que una fecha es un estado de la mente, quiero pensar, en medio de la algarabía,  de forma distinta y audaz, meditar sobre la sociedad injusta, de pobres, de los obsequios una vez al año y  mejor en una mochila con regalos distintos: nutrición, salud, educación. 

Una Navidad, que sitúen como en DOHA, a los “pobres como la primera prioridad,” con regalos o mejor, con derechos permanentes: más abecedario, mejores alimentos, agua pura, salud y  desarrollo.

Proponer una conspiración de humanismo legítimo, como la del chileno Juan M. Zolezzi y su Modelo de Objetivos Integrados, proyecto de ciencia y tecnología, de innovación con propósitos sociales: eliminar virus y bacterias en agua contaminada, especialmente de zonas rurales,  con un modelo de desarrollo distinto y sin problemas de recursos financieros.

El 90% de agua utiliza la industria y la agricultura, el 10%  consumen domésticamente  sectores medios y altos, el agua sana no llega a los pobres, razón para preocuparse y meditar, dentro de tanta “solidaridad navideña”, en una organización humanitaria que regale algo distinto, con   aportes estatales y de grandes empresarios que lucran insaciablemente,  recuperando también lo robado en 10 años.

Es hora de empezar a vivir una real y permanente Navidad solidaria.

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