El periodismo en tiempos difíciles

DIC, 23, 2018 | 00:10 - Por Ugo Stornaiolo

Ugo Stornaiolo

La revista Time, desde 1927, nombra al personaje del año por su aporte en diferentes ámbitos. Este año designó a “los guardianes de la verdad”. Encabeza la lista Jamal Khashoggi, columnista del Washington Post, asesinado en el consulado saudita en Estambul en octubre, junto a otros periodistas y medios de comunicación del mundo, perseguidos por ejercer el periodismo. 

Time ha puesto en la mira una profesión riesgosa al reconocer personas que han influido en las noticias “para bien o para mal”. A lo largo de los años, el reconocimiento se ha otorgado a personajes indiscutibles, como el activista Martin Luther King. Pero también, para mal, nombró a Hitler, antes de la segunda guerra mundial.

No obstante la importancia del periodismo en la vida cotidiana, todavía es frecuente hablar de periodistas asesinados, secuestrados, encarcelados o torturados por autoridades de países que ven en esta profesión un obstáculo para cumplir sus fines. Ecuador padeció durante 10 años la persecución de Rafael Correa a muchos periodistas y medios.

En nuestro país se ignora aun lo que pasó y derivó en el asesinato del equipo periodístico de El Comercio (Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra). El Estado no explica hechos ni razones, exigiendo que se busque instancias internacionales para resolver el caso.

Preguntas en torno al tema: ¿Cómo se está formando periodistas? ¿Qué se enseña en las Facultades de Comunicación y Escuelas de Periodismo? ¿Qué ocurre en las Facultades antes referentes de la profesión? ¿Qué está pasando con los gremios profesionales? ¿Qué sucede con el periodismo ecuatoriano? ¿Por qué los periodistas son piedra de toque en países, como Venezuela, México, Rusia o Turquía?

Afortunadamente, se suprimió en la Ley de Comunicación que el periodismo sea un servicio público, porque es un derecho. Pero se mantiene el riesgo de volver a épocas en que cualquiera podía ejercer el periodismo.

Es necesario volver al periodismo comprometido con la verdad, no con el poder. El riesgo del ejercicio de la profesión está latente y la designación de Time pone a reflexionar sobre este tema. 

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