Origen de la violencia

ENE, 28, 2019 | 00:10 - Por MANUEL CASTRO M.

Manuel Castro

La violencia, o sea el uso de la fuerza, generalmente tienen su origen en el irrespeto a la ley, la brusquedad y el ímpetu incontrolado, la falta de educación. La violencia es propia de los individuos, de los gobiernos y hasta de las instituciones, que son las que la provocan, cuando puertas adentro todos dicen que aman la paz, la concordia, el respeto al derecho ajeno. La violencia igual sucede por un supuesto exceso de amor -que es una aberración, porque nadie es dueño del afecto de nadie.

La intolerancia es provocadora peligrosa de la violencia, pues como afirma Balmes: “La intolerancia es, en cierto modo, un derecho de todo poder público”. Claro que desde Balmes ha corrido mucho tiempo y hoy se trata de vivir en sistemas democráticos, donde se pone énfasis en los Derechos Humanos, la libertad electoral, y elecciones libres. Pero en el siglo pasado la intolerancia al pensamiento ajeno, a razas distintas, provocaron guerras que son el extremo execrable de la violencia. Actualmente Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Cuba son países intolerantes que, de seguro, terminarán en violencia, de parte de los opresores y de los oprimidos.

Particularmente la intolerancia que termina en violencia ha sido definida como “la indignación de los que no tienen opiniones” (Chesterton). Es la falta de educación, o sea la ausencia de formación ética, cultural, cívica. Lo constatamos en los últimos incidentes en Ibarra, donde personas enfurecidas  ultrajaron a gente desvalida e inocente.

Históricamente hemos visto que hay más tesón en conservar el poder que en ambicionar el que no se  tiene. Por ello son tan convincentes los candidatos, que cuando triunfan son muchas veces violentos para no dejar el poder. Mas, igual el ciudadano común, que tanto reclama contra la violencia, es un provocador de la misma cuando no respeta los semáforos, corre a exceso de velocidad en sus carros, insulta con prepotencia a los que considera inferiores. La violencia resulta, pues, de actos grandes o pequeños. La naturaleza humana también tiene contenidos de odio, desquites y revanchas. Hay que luchar por el “juego limpio”. 


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