Macbeth: tragedia de la ambición

FEB, 25, 2019 | 00:10 - Por MANUEL CASTRO M.

Manuel Castro M.

El drama Macbeth, escrito por Shakespeare entre 1605 y 1606, siempre es actual, pues narra la usurpación y obsesión por el poder del personaje. Macbeth y su mujer, lady Macbeth, asesinan al Rey Duncan, su mentor, y le sucede en el trono. Recién coronado elimina a su amigo Banquo, que sabía la trama del regicidio. Así por su ambición y para mantenerse en el poder crea una atmósfera sangrienta, sucesos que al final llevan a la locura a  lady Macbeth  y al asesinato de Macbeth por uno de los hijos de Duncan, quien se convierte en rey de Escocia.

Parece que el tema y el discurso lamentablemente no han cambiado: ciertos políticos por su ambición y para mantenerse en el poder no trepidan en manipular leyes, cometer crímenes y utilizar a sus cónyuges,  a los amigos o súbditos en sus empeños nada democráticos. 

Hoy en Venezuela vemos con dolor cómo Maduro y su compinche Diosdado no trepidan  en usar a las fuerzas armadas de ese país para impedir una ayuda humanitaria, pues captan que será el fin de su “reinado” socialista. La peor de las opciones es que el ejército y los milicianos por la vía de la violencia impidan el ingreso de tales alimentos y medicinas que el mundo envía al pueblo venezolano. Cual Macbeth del siglo XXI el destino de Maduro será el crimen, y la historia se repetirá a través de “un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa”, como se dijo de Macbeth.

A Maduro y sus compinches le apoyan exclusivamente gobernantes perennizados en el poder que utilizan violencia primitiva y  moderna propaganda: Putin en Rusia; Erdogan en Turquía; los herederos de Fidel en Cuba; Ortega y lady Rosario en Nicaragua; Evo en Bolivia. Dios los crea, la ambición y el crimen los une.

El asesino de Macbeth  le exige que se rinda y  le dice: “Vive, cobarde,  para ser ludibrio y espectáculo del Universo! Te colocaremos como a monstruo ante una barraca, y debajo escribiremos: ¡Aquí puede verse el tirano!” 

Y el ejecutor dice al sucesor: “¡Salve, rey, pues ya lo eres! ¡Mira la cabeza del maldito usurpador! ¡El mundo es libre!”. Penosamente la violencia produce venganza y violencia.


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