Hambrunas y hambrunas

MAR, 02, 2019 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

En la Antigüedad y en la Alta Edad Media las sequías, las lluvias excesivas y las plagas (p. ej. de langostas) provocaban recurrentes hambrunas, solucionadas en parte con la Revolución Agrícola impulsada por los monjes. Eran catástrofes de origen natural. 

En el siglo XVIII la peste de la papa produjo hambruna en Irlanda, la que se agravó por la despiadada conducta de los terratenientes protestantes que impidieron la entrega de trigo a los damnificados, campesinos católicos, miles de estos murieron de hambre; muchos emigraron y varios miles fueron vendidos como esclavos en las colonias por no poder pagar sus deudas. Fue una calamidad de origen mixto.

Ya en el siglo XX nos encontramos con la primera hambruna planificada por razones políticas: llamada “Holomodor” por los ucranianos, fue producto de una orden de Stalin para someter a ese  pueblo a la tiranía del socialismo soviético. A pesar de que en diversos lugares se almacenaban toneladas de cereales, estos no llegaban a la gente, se guardaban para ser enviados a otras regiones de la URSS. Como consecuencia, diez millones de muertos. 

Otra hambruna planificada, aunque llevada a cabo de manera diferente, ocurrió en Kampuchea, cuando los comunistas, por orden de su líder Pol Pot, obligaron a tres millones de camboyanos (su nombre anterior) a trasladarse al campo para producir su propio alimento; pero se trataba de citadinos: profesionales, artesanos, comerciantes, profesores; por lo demás el “campo” era selva; al no poder cultivarla (y al no tener alimentos mientras la tierra llegara a producir), murieron de hambre. 

Una casi hambruna, causada por los defectos congénitos del comunismo, estuvo a punto de declararse en la URSS poco antes de su colapso, no sucedió así por la ayuda de la Alemania Federal pedida por Mijail Gorvachov. Esos efectos han carcomido todos los regímenes hermanos en la utopía antihumana llamada “socialismo” marxista, fundamentada en ideas peregrinas contrarias a la naturaleza humana, aplicadas por burocracias voraces e ineptas, como acontece en Venezuela y pudo pasar aquí. 

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