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Pequeñas librerías para grandes lectores: recorrido por las casas del libro en Quito

ABR, 08, 2019 |

FESTEJO. Karina Sánchez engalanó la librería para la celebración de sus nueve años desde que la abrió.

Se acerca el Día del Libro y no hay mejor lugar para celebrarlo que una librería. Quienes acostumbran visitar estos rincones de lo fantástico saben que la plática con un buen librero es, además del café, el mejor acompañante para la lectura.  

El libro demanda espacios y va ganándoselos. Hoy no es raro encontrar pequeñas librerías emergentes en las calles del centro-norte de Quito, cada vez con mayor éxito. 

Por otro lado, están aquellas que, con garras y dientes, hace tiempo se abrieron su sitio en el mercado. Detrás del renombre que estas han alcanzado está el trabajo de un buen librero, que es siempre sinónimo de buen lector. 

Este mes, tres de las mejores librerías quiteñas celebran su aniversario, excusa perfecta para hacerles una visita. (AA)
 

‘Tolstói’, guarida del libro
°  No hay lector asiduo en Quito que no conozca la librería Tolstói, ubicada en la calle Vancouver, a pocos metros de la Asociación Humboldt. Su propietaria, Karina Sánchez, es una librera crítica, conocedora y sagaz, cuya timidez no oculta la profunda pasión que le inspira su trabajo. 

“Trabajé en una librería antes y quería empezar algo propio, así que decidí abrir mi propio espacio”, sostiene Sánchez, quien celebró el pasado viernes el noveno aniversario de ‘Tolstói’.  El pequeño negocio lo montó en su propio apartamento, un espacio acogedor que invita a los clientes a sentarse y contemplar los ‘pósters’ que cubren las paredes, así como la singular colección de objetos que decora los estantes.  

Sánchez asegura que las grandes librerías de Quito no son competencia, porque su clientela es distinta. “Me siento muy afortunada de tener el público que tengo –dice-. Mis clientes me enseñan mucho, hay una recomendación mutua de títulos. Me gusta el vínculo que un lugar pequeño puede establecer entre las personas”.

La exclusividad que brinda a sus clientes está en la selección de los títulos y las editoriales, que no pueden encontrarse fácilmente en otras librerías. Asimismo, ‘Tolstói’ le ha abierto las puertas a los autores y las editoriales independientes nacionales, con resultados favorables. 

“Los últimos tres o cuatro años, la venta y el interés del público por los autores nacionales se ha incrementado notablemente”, dice Sánchez, quien además es escritora. 

ACOGIDA. Mónica Varea ha creado lazos de amistad en su trabajo, llega a encariñarse con los buenos lectores.

Degustación de libros en ‘Rayuela’
°  “La casa de la cultura núcleo Megamaxi” es el apodo que clientes y amigos de Mónica Varea le han puesto a ‘Rayuela’, que abrió hace 12 años en las calles Germán Alemán y Juan Ramírez. 

Varea se formó como librera en ‘Librimundi’, durante su época de esplendor en los años 80. Aunque estudió leyes, desarrolló tal afición por el oficio que montó un negocio de venta de libros académicos a pedido: ‘Servicios libreros’. 

En 2007, Varea se trasladó de una pequeña oficina a la amplia librería que nada tiene que envidiarle a las más comerciales. Una exquisita selección de todos los géneros literarios tiene cabida en ‘Rayuela’, pero su fuerte sigue estando en las ciencias sociales.  Lo que más disfruta es que no tiene rutina: “Es un mundo inagotable, no tienes un día que se parezca al otro. Estás trabajando con el conocimiento, con el pensamiento humano, la poesía”.

La mayor enseñanza que le dejó Enrique Grosse Luemern, fundador de ‘Librimundi’, es que “detrás de todo librero debe haber un gestor cultural”. 

‘Rayuela’ se pensó como un espacio para talleres, presentaciones y conversatorios que está abierto a diversas propuestas, incluso a degustaciones culinarias, que han tenido gran éxito. “La idea es que la gente se apropie del espacio”, dice Varea. Aunque la legislatura actual no facilita la circulación del libro, las alianzas con editoriales independientes son una estrategia que beneficia tanto al negocio como a los autores nacionales, que se encuentran con trabas burocráticas para acceder a las grandes librerías. 

“La idea es aliarte con tus iguales. Al libro ecuatoriano le doy la mesa principal. Siempre estamos tratando que se posicione”, añade.

PROYECCIÓN. A Marcelo Recalde le interesa ampliar su negocio para acoger nuevas propuestas.

‘Conde Mosca’ crea nuevos lectores 
° En medio de una crisis financiera, ¿quién se pone una librería? Marcelo Recalde desafió el estigma de que en Quito no se lee y decidió iniciar, con Doris Carrasco, un negocio de venta de libros por redes sociales. 

En 2016, el logo de ‘Conde Mosca’ invadió Facebook e instauró una manera novedosa de distribuir la literatura. Una inversión arriesgada, que resultó gracias a su renovación constante. Las ferias del libro le dieron el impulso para ganarse a su clientela y abrir un pequeño local en la Av. 12 de Octubre y Orellana. 

Recalde notó las necesidades que no lograba cubrir la competencia y decidió plantear desde ahí su negocio: “Yo era lector y veía cómo me atendían en otras librerías, era despersonalizado, gente que no sabía de libros”, opina. 

Desde el principio, fue fundamental para él desarrollar lo que llama ‘el ojo del librero’: “Hay que tener tino para comprar los libros, intuición, saber qué títulos no hay”. Con su conocimiento lector y su carisma, en poco tiempo logró llegar a un público específico, que lo prefiere por la exclusividad de su oferta. 

“Al vender masivamente, se despreocupó al lector –dice–. Un lector, en nuestra dinámica, es quien lee por placer. No empezó a leer hoy, no le pueden vender gato por liebre, se cuida de las modas. Un lector es precavido y se da cuenta de que los buenos libros están en todos los tiempos”. 

Aunque le han sugerido que amplíe su oferta a géneros más comerciales, Recalde se mantiene fiel a su propuesta, que crece según la demanda y hoy, además de literatura y ciencias sociales, va ampliando su catálogo en inglés. 

‘Conde Mosca’ mantiene además un club de lectura, que ya va por su sexto ciclo. “Como negocio, pretendíamos crear lectores”, dice el librero. Al sugerir autores nuevos, poco conocidos en el medio, despierta la curiosidad de quienes participan en los encuentros y los invita a seguir leyendo.