El humor: un arte irrespetuoso

ABR, 08, 2019 | 00:10 - Por MANUEL CASTRO M.

Manuel Castro M.

Hoy está prohibido hablar claro, salvo en las redes sociales, donde prima el insulto y a veces hasta la calumnia. Vivimos en una sociedad donde no se puede pronunciar sin escandalizar ni negro, ni ciego, ni vago, ni preso,  entre otras palabras; hay que dar rodeos o inventar palabras para referirnos a nuestros prójimos. Claro que se impone la moda  de hablar mal  de los curas (en este tema sí es permitido generalizar) o decir pestes de Trump o de Bolssonaro o del Bolillo Gómez.

Más allá de la verdad que vivimos, casi está prohibido hacer bromas sobre la democracia, el racismo, el sionismo, como si el humor no naciera de la irreverencia y de una pequeña maldad bien administrada. Desde luego el chiste fácil es diferente al humor, que es una salida por supuesto difícil para nuestras angustias, pesares y cónyuges exigentes (ahora las mujeres son perfectas; Jardiel Poncela dice que “lo peor de la humanidad son los hombres y las mujeres”).

El humor es irrespetuoso porque pinta a los personajes de cuerpo entero, esto es, desnudos, lo cual es aceptable para la gente “decente” solo si trata de Marilyn Monroe, la Bardot o del David de Miguel Ángel. Por ejemplo ahora casi nos burlamos de Correa, salvo la prefecta Paola, cuando lo elegimos presidente por dos veces y media, soportamos 500 sabatinas y mirábamos al suelo mientras en el cielo surcaban los aviones presidenciales rumbo a los paraísos fiscales, según dice Lenín, quien antes era el paradigma del buen humor hoy un  gourmet, según las fotos divulgadas por sus anteriores camaradas.

Ese poco admitido reírse en las iglesias, en los duelos (incluso de buenos humoristas), en los parlamentos o casas de gobierno o a los soldados que participan en los desfiles militares. Sin embargo algunos irrespetuosos se ríen en los conciertos, en los importantes partidos de fútbol o en el Viernes Santo, a pesar de que ese día no meditan en la crucifixión de Cristo sino en la rica fanesca, pero que se enojan cuando les mojan en el Carnaval, que es la fiesta de la carne y la risa obligatoria, pues tener humor es estar en oposición con uno mismo. 


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