Imaginación desbocada

ABR, 27, 2019 | 00:05 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

Como algo propio de su oficio los novelistas ponen a trabajar a su imaginación para crear mundos y realidades no siempre posibles, pero con lógica interior, por eso los romanos afirmaban que para el arte el único límite es el absurdo, que al creador literario todo le estaba permitido. 

En tiempos previos a cualquier elección los candidatos  también llenan sus bocas con una serie de propuestas producto de su imaginación desbocada, no se basan en estudios previos ni en análisis técnicos para elaborar sus promesas y así engatusar a los ciudadanos.

Pero pueden darse casos en que el uso desmesurado de la imaginación no se justifica por otras razones, pues sus actores aparentemente lo hacen llevados por la buena fe, la honradez y el deseo de aportar con sus ideas y comentarios a la cultura y a los debates indispensables en toda sociedad. Me refiero a los articulistas de opinión, entre los cuales tengo el honor de contarme gracias a este medio que me acoge. 

En los últimos días he leído afirmaciones tales como estas (no son citas textuales): la Iglesia inventó el latín para impedir que la gente acceda al conocimiento; en los monasterios los bibliotecarios eran ciegos para que no pudieran leer los libros (¡más que imaginación, aquí hay delirio febril de la señora! Y punto tomado de una novela).

 Otro señor dice que el impresor Schwarz, encargado de la manipulación de la primera imprenta traída por el padre María (sic) Maugeri, bien podría haber sido un luterano que se habría visto obligado a publicar un libro que sabía no contenía la verdad cristiana. 

Todo comentario debería sobrar, pero no sobran porque cada día aparecen más y más infundios en todos los medios. Señalo un par de los aparecidos en la prensa escrita, pero pululan por todas partes como parásitos en cuerpo sucio. Sucia debe estar la sociedad que produce personas capaces de estampar afirmaciones sin fundamento, sin una mínima investigación previa, pero también sucia porque no se sacude con vigor y se empeña en buscar la verdad más allá de compromisos y componendas. Total el papel aguanta todo.

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