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La vida de Marcelo Tejada contada por sus pinturas

JUN, 05, 2019 |

OBRAS. Su arte inició con un estilo abstracto y fue acercándose al impresionismo del español Diego Velázquez.

Por caminos sinuosos de tierra, bajo un sol abrasador e inmersos en el verdor del bosque, seguimos el rastro del pintor Marcelo Tejada, quien se instaló hace alrededor de dos años en el barrio La Cocha, en la zona menos poblada de Alangasí. 

“Es lo bonito de esto, que no haya nadie”, dice el artista, que nos recibe con la sencillez de quien espera a un amigo. Él se hizo del terreno donde ahora tiene su casa hace 25 años, cuando la montaña era prácticamente para él solo. 

Al principio, sin luz ni agua potable, con sus propias manos y con la ayuda de su hijo fue construyendo el lugar donde hoy ha decidido retirarse a pintar sin descanso, alejado del barullo y el vértigo de la vida urbana.  

“Cada vez que me va mal en una relación amorosa, vengo a esconderme acá”, bromea Tejada. Una vista panorámica del imponente horizonte rural se abre sin obstáculos en el mirador que constituye la pequeña terraza a la entrada de su piso, que a la vez es su taller.
 

Recuerdos
Tejada no es un hombre común; su instinto de artista lo lleva a salirse del guion y a evadir los formalismos durante la entrevista. Primero, señala una serie de imágenes a blanco y negro colgadas en la pared -amarillentas y roídas por el paso del tiempo-, réplicas de obras que vendió hace más de veinte años y hoy se dedica a recrear. Es una pequeña muestra de los cientos de negativos que conserva en cajas, esperando por su creador para revivirlos.  

“Quisiera hacerlos todos en grande, pero es caro”, sostiene. Él vive de sus cuadros, aunque eso signifique vivir con lo justo. Su riqueza está en el orgullo que le producen sus pinturas y en la tranquilidad y regocijo con que recuerda sus tiempos de juventud atolondrada. 

A los 13 años ya dibujaba, pero fue a los 16 que empezó a apasionarse por la pintura abstracta. De entre los centenares de lienzos y cartulinas saca un pedazo de madera avejentada, en el que estallan los colores, como expulsados con ira del pincel. 

“Me gustaba el ‘action painting’ -la pintura de acción-. Me tomaba medio litro de ‘trago’, ponía música de Beethoven y dale”. Lo que sostiene en sus manos es un fragmento de una obra de 2.40 metros de alto, que fue parte de su primera exposición en el Centro de Promoción Artística de la Casa de la Cultura. “La encargué a un amigo, porque me escapé a Venezuela. Cuando regresé, la había hecho legumbrera, la había cortado en pedazos”, cuenta entre risas. 

Uno de sus mejores recuerdos es el viaje a Francia que realizó en 1988, en el cual dos de sus obras ganaron el Premio de París. A su regreso a Ecuador, se realizó una gran exposición de su obra, junto a la de su gran amigo y colega Eduardo Kingman, en la Alianza Francesa de Quito. 

PERSONAJE. Tejada ha expuesto en varias galerías de Francia, España y Estados Unidos.

Estilo
Tejada lleva en su sangre el talento y la sensibilidad del artista. Del laberinto de pinturas recoge una hecha por su tío, Jaime Arturo Tejada, quien se radicó en Cali, Colombia. También conserva obras hechas por su hija y su nieta, quienes escogieron caminos alejados del arte en su adultez. 

Dueño de un humor natural y una energía inagotable, Tejada continúa aprendiendo del arte a través de los grandes maestros. Uno de sus cuadros en desarrollo es una reproducción de ‘Guernica’, de Picasso, autor del que recibió una fuerte influencia, que se hace evidente en sus retratos. Aun así, su obra se caracteriza por ser múltiple en estilos y técnicas. 

Entre sus trabajos impresionistas destacan los paisajes naturales, inspirados en la belleza que día a día recorre con la mirada. Pero las obras con las que obtuvo más popularidad fueron sus paisajes de Quito, ciudad que lo cautiva –más que todas las que ha conocido en sus viajes por el mundo- porque “tiene un misterio. La conexión con los españoles provoca un sentimiento de sumisión y grandeza”. 

A pesar de su añoranza por la ciudad y la dificultad para vender sus obras en el sector, Tejada afirma que se quedará en Alangasí, a la que llama “tierra de pintores”, al recordar los talleres que mantenía en la comunidad el pintor Gonzalo Endara Crow. 

En el camino de vuelta, se cruzan en nuestro camino varios carteles que anuncian ‘clases de pintura’, una buena señal de que el arte late bajo la aparente calma de este pequeño poblado urbano. (AA)

FRASE

Dicen que los artistas somos como niños enamorados de Dios y todas las cosas que son de él, y tratamos de imitarle. Somos como niños jugando a ser Dios.”  Marcelo Tejada,  Artista. 

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