La importancia de ser primero

JUN, 10, 2019 | 00:02 - Por MANUEL CASTRO M.

En el siglo XIX, cuando el deporte era un mero pasatiempo, Oscar Wilde escribió una obra de teatro titulada “La importancia de ser importante”.

Época en que ser aristócrata o brillar en los salones, era lo que daba prestigio. Hoy el deporte causa furor en el mundo. La importancia de ser primero es el logro mayor, el único que interesa, más allá de lo que irónicamente comentaba Borges sobre el deporte: Es bueno porque obliga a bañarse. Un poeta no es un triunfador, salvo que sea lo suficiente sufrido para que todos le admiren, a pesar de sus limitaciones artísticas.


En 1950, Brasil quedó segundo en su mundial de fútbol, a pesar de su calidad indiscutible y localía. Doscientos mil brasileños lloraron por su pérdida ante Uruguay. Se consideró el fracaso más triste del deporte de ese país, hasta ahora se lamenta ese vice campeonato, mientras otros países aspiran a por lo menos participar en tal torneo.


Ecuador en 1965 estuvo a un tris de calificar al mundial de fútbol en Inglaterra. En el partido definitivo con Chile, se le anuló un gol de Tito Larrea que llegó hasta las redes. Nuestro arquero Ansaldo fue fracturado las costillas y siguió jugando (en ese tiempo no eran permitidas las sustituciones). Perdimos injustamente, pero perdimos. Pocos se acuerdan de esa hazaña y segundo puesto. Inglaterra festeja hasta ahora un gol que no entró y lo hizo ser campeón del mundo en 1966.


En los años sesenta el mejor ajedrecista ecuatoriano de todos los tiempos, Olavo Yépez, disputó con el cubano Eleazar Jiménez la posibilidad de llegar a las finales del mundial de ajedrez (jugaban cientos de grandes maestros, los rusos eran los dueños de todos los trofeos). Yépez y Jiménez empataron. El desempate fue favorable para el cubano. El olvido (tan largo y el amor tan corto, como dice Neruda) ha cubierto ese momento emocionante del deporte ecuatoriano.


Conclusión: La vida no es justa.


Lo de Jefferson Pérez es inigualable, en la Olimpiada memorable en Atlanta fue el primero y el mejor del mundo. Ahora a Carapaz  se le exigirán resultados, ser siempre el número uno. Mientras, hay motivo para festejar la hazaña.    


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