Neopaganismo

JUN, 22, 2019 | 00:05 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

En diversas ocasiones he tocado en esta columna el tema de los festejos del Inti Raymi y fiestas afines en nuestro medio. No hace falta haber estudiado antropología o fenomenología de la religión para conocer que se trata de festejos paganos de origen incaico, que nuestros ancestros indígenas no celebraban antes del incario y dejaron de hacerlo cuando este desapareció al poquísimo tiempo. De hecho, hasta el idioma quichua (escrito así, por favor) se extendió después de la conquista española y no en todo el territorio nacional.

Nada tengo que oponer a la celebración de los diferentes raymis paganos por los descendientes de los indígenas autóctonos del siglo XVI. No me admira que los políticos se suban al carro de los festejos para alcanzar sus propios objetivos no siempre claros. Lo que me llama la atención es el entusiasmo digno de mejor causa expresado por algunas universidades católicas frente a estos ritos y su participación festiva y comprometida. 

Y esto por que se supone que una institución católica no debe promocionar cultos contrarios a la fe oficial que la anima, otro cantar cantaría si se tratara de un establecimiento sin religión que permitiera esos festejos en aras de la libertad de pensamiento. 

Para esta reflexión me baso en el hecho de que Inti es el nombre de uno de los dioses más importantes del panteón incaico, de tal manera que celebrar su fiesta mayor sería comparable a que los primeros cristianos, habitantes del Imperio Romano, hubiesen aceptado participar en los ritos de adoración a Júpiter. Es bien conocida su negativa tenaz a esa acción, pues la consideraban apostasía, uno de los pecados más graves dentro de la Iglesia fundada por Jesucristo, quien llamó a sus discípulos a ser sus testigos, no del Inti.

Ese enorme santo que fue Juan Bosco tenía un lema de hierro: “Dame las almas y llévate lo demás”, las almas para llevarlas a Cristo, las simpatías, los acomodos al mundo, las renuncias a lo irrenunciable, te los dejo, no me interesan, digan lo que digan los sabios de moda, las ciencias profanas o el afán de no incomodar.

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