Falta de creatividad

JUL, 08, 2019 | 00:04 - Por MANUEL CASTRO M.

Preguntado a un joven su opinión sobre el matrimonio igualitario, después de encogerse de hombros (hagan lo que les dé la gana,  entendí) manifestó: Los ”progre”, no nos casamos. Tal afirmación en parte es verdad pero tiene su condumio que hace frágil a tal actitud. Actualmente los jóvenes viven juntos pues se aman, pero después unos se despiden para siempre, otros se casan. “El matrimonio es una celada que tiende la naturaleza”, dice Bernard Shaw (genial dramaturgo, a quien no le importaba el sexo, como práctica).


El matrimonio es una creación humana, ficticia como toda entidad jurídica. Es la unión de un hombre y una mujer, hasta ahora, concertada mediante determinadas formalidades legales. El catolicismo lo instituyó como sacramento. Viene del latín “matrimonius”, matriz, madre, para mantener la especie, organizar la familia y la sociedad, pues con él se adquieren derechos y obligaciones. Ha sufrido variaciones, ha tenido su esplendor y su miseria (los hijos fuera del matrimonio han tenido términos vergonzantes: ilegítimos, adulterinos, nefandos, sacrílegos).


El ser humano busca la felicidad, tal vez es su única obligación. El matrimonio no garantiza tal felicidad, ni siquiera en lo sexual. El matrimonio igualitario no necesariamente se realizará entre homosexuales, por tanto la opción sexual será lo de menos. Hasta puede haber compromiso de castidad: hijos, ‘nones’.


 Salvo lo de la procreación, igual sucede en el matrimonio tradicional (hombre y mujer) uno de los cónyuges o ambos pueden ser homosexuales, bisexuales,  castos o indiferentes. En  el igualitario en  caso de adulterio, falta de armonía o de mutuo consentimiento, vendrá el divorcio con todas sus consecuencias (tenencia,  si hay hijos anteriores o adoptados) y mientras tanto pensiones alimenticias a uno de los cónyuges. No faltará la confusión jurídica para estos nacientes “derechos”.


Faltó creatividad para crear una institución o perfeccionar la existente donde se puedan unir actual e indisolublemente humanos  que se amen, de igual sexo, con derechos y obligaciones similares en lo posible al matrimonio tradicional. 


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