El peligro de las palabras

JUL, 15, 2019 | 00:10 - Por MANUEL CASTRO M.

Manuel Castro M.

Dice Montaigne: “Nadie está libre de decir vaciedades; lo lamentable es mantenerlas presuntuosamente”. Viene al caso por la afirmación del embajador británico en EE.UU.  cuando describe al presidente Trump y a su administración como “ineptos” y “excepcionalmente disfuncionales”; que la presidencia de Trump podría “estrellarse e incendiarse”; y que, finalmente,  califica a Trump como “inestable” e “incompetente”. La ligereza en hablar de este diplomático ha conducido a que tenga que renunciar a su cargo. No importa lo que sienta  o presienta un funcionario público, pues sus palabras deben ser medidas y oportunas, sobre todo útiles y que conduzcan a hacer algo positivo. Aún más,  tales palabras pueden despertar una idea contraria.

En nuestro país ha despertado indignación y ha provocado polémica la resolución de dos jueces de la Corte Nacional que levantaron la prohibición de la prisión preventiva en contra de Alexis Mera. Partamos de que hoy existe independencia judicial y que los jueces son responsables de sus decisiones, y que todos debemos respetar las mismas. Si oportunamente no evaluaron a los jueces, como fue el mandato de la última Consulta, ahora  es tardío quejarse de tales jueces, los cuales, por los antecedentes correístas que tenían, no se iban a tornar de la noche a la mañana en Catones o Justinianos.

Por ello extraña el pronunciamiento de la Fiscal General sobre el tema:  que está “despechada” y que considera que está “luchando contra un sistema patriarcal y caduco que desprecia la justicia y atropella a quienes comprometemos nuestros principios”. Primero,  a la Fiscal no corresponde “juzgar” a los jueces; segundo, tiene que limitarse a sus funciones, ya que si el sistema es patriarcal (adjetivo que indica que hay un patriarca que ejerce autoridad y gobierno supremos) debe denunciar quién es esa autoridad suprema; y si el sistema es “caduco” (viejo, decrépito, anticuado) da entender que están demás los jueces, fiscales y leyes.

 Como dice Lawrence: “Al mundo le irá mal si las palabras pierden su sentido y muchas veces ahogan los más nobles pensamientos”.    

 
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