‘Quito… arrabal del cielo’

JUL, 29, 2019 | 00:10 - Por MANUEL CASTRO M.

Manuel Castro M.

Este poema antológico de Jorge Reyes se encuentra en la “Historia de la Literatura universal”, como para hacernos recordar que tenemos un poeta grande y una ciudad todavía con tradiciones (que son las que a través de generaciones transmiten las noticias, las composiciones literarias, los ritos y las costumbres), que hoy desde el Municipio de Quito y la desmemoria se trata de darles fin. Como dice con nostalgia profética Reyes en su poema: “Cualquier día de estos nos iremos, tú y yo, madrecita, definitivamente.”

Nunca se vuelve al pasado. Vale para los que presumen de “progres” y creen que son modernos, cuando todos lo somos, salvo en las películas de Disney, pasatiempo deleznable, con máquinas del tiempo y ratones y patos que hablan, que no pasaría nada si se las suprimiría. Por supuesto, Quito no es solo de los quiteños (tanto que el alcalde es riobambeño, el Arzobispo guayaquileño, su actor estrella -Ernesto Albán- ambateño, como ejemplos) sino de la humanidad. 

Pueden desaparecer los perros callejeros, las cantinas, el frío, los jugadores de pelota, las peleas de gallos, las corridas de toros, hasta las oraciones de la mañana, pero jamás desaparecerá el coraje de los quiteños en la mano y en la boca para decir sus verdades y defender sus tradiciones.

Se dice que una “cosa linda es para siempre” y eso son las quiteñas, con su tradición de hermosas y simpáticas, inteligentes y ocurridas  siempre, lleven una corona o no, que ni da ni quita nada. Lo de suprimir un concurso de belleza no es un golpe revolucionario, sino un golpe de efecto, como lo dijo un político activo. 

No hay que preocuparse tanto, mejor es darle la razón al Alcalde, que es una forma de acabar con esta efímera discusión. Como dice  Oscar Wilde: “La belleza es símbolo de los símbolos. Lo revela todo porque no expresa nada”, pero como afirmaba con humor un quiteño: la belleza vale más que cualquier carta de recomendación.

Joaquín Pasos, nicaragüense, en su “Canto de guerra por las cosas” adelanta: “Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra,/si es que llegáis a viejos,/ si es que quedó alguna piedra”.


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