La mayor lucha, es la cultural

AGO, 04, 2019 | - Por Giuseppe Cabrera

Giuseppe Cabrera
 

Después del mayo francés y la tercera vía los partidos progresistas se centraron en aquellas luchas postmaterialistas. El género, el ecologismo, el urbanismo y todas aquellas luchas que parecían reivindicar (no todas) el derecho a la libre autonomía, reemplazaron a la antigua lucha de clases. Pero, esto es más el caso europeo. A pesar de aquello, producto de la globalización el nuevo “sentido común” neoliberal se regó por todo el globo, constituyéndose y consolidándose, con base en una agenda progresista y además en los últimos años en una vertiente autoritaria.  Es que, el primero de los velos que tenemos que levantar es el asumir que el neoliberalismo es solo una propuesta económica que busca desmantelar el Estado. El neoliberalismo es ante todo ‘normatividad’ esto significa que crea sentido. Construye nuestra realidad y los valores e ideas en los que creemos. Por eso la conquista cultural precede a la del poder político.

El ‘emprendimiento’, el individuo capaz de valerse por sí mismo sin un ecosistema social que crea las condiciones que generan producción, es hoy ese nuevo sentido construido desde las élites. Muchas veces, esto es más un camino al andar, que de forma más o menos aleatoria altera la constitución viva del núcleo del pensamiento neoliberal, no es una operación de teorías de la conspiración salidas de un libro de ciencia ficción. El sistema mismo asume muchas de las causas que parecen contestatarias y las resignifica acorde a sus intereses, luego la sociedad civil (entendida como iglesias y medios de comunicación) hacen lo suyo en divulgar las nuevas máximas con apoyo de las voces autorizadas que van recolectando en su tránsito de afianzamiento hegemónico.

La judicialización de las luchas emancipadoras anula la disputa cultural, porque niegan lo político. Lo político es el espacio en el que se configuran los actores antagónicos que entran en disputa por los espacios institucionales de la política.

Por eso hoy, la mayor de las disputas es la del sentido. La apuesta por una respuesta única es hoy una propuesta tiránica. Es en el ‘anti’ en donde se están configurando una diversidad de alternativas contrahegemónicas.

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