Genocidio silenciado

AGO, 10, 2019 | 00:10 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

Según Worldometers, un portal de enorme prestigio, durante 2018 fueron asesinados 42 millones de niños en el vientre de sus madres por vía del aborto provocado. Todas las víctimas fallecidas por cáncer, malaria, Sida, tabaquismo, alcohol y accidentes de tránsito, sumadas no llegan a esa cantidad. En palabras crudas, el aborto es la primera causa de muerte en nuestro planeta; pero este dato es sistemáticamente silenciado, no escandaliza a los grandes medios de comunicación, ni preocupa a los titiriteros del poder mundial (los cuales, a su vez, a lo mejor son marionetas de fuerzas no tan conocidas). 

Por eso, para evitar incómodas preguntas y más molestosos remordimientos, ya no se habla de aborto, sino de “interrupción del embarazo”, ni de “feto” sino de “producto”; en Cuba prefieren la expresión “regulación de la menstruación”. Piénsese si en cualquier otro contexto se hablase de “producto” en referencia a un ser humano, ¡qué escándalo se daría!

Franco Zeffirelli, el genio del cine fallecido hace poco, fue hijo ilegítimo, con apellido inventado, todos impulsaban a su madre a abortar, pero a ella “le repugnaba el pensamiento de matarlo”; alguna vez escribió: “Mi vida es un premio; una madre que genera una vida es una mujer premiada, sin importar su situación, ni cuales fueran las cuentas a pagar o sus problemas emocionales: tiene marido, no lo tiene, tiene alguien que la extorsiona, o la ha abandonado. El privilegio de llevar la vida es un privilegio que los hombres no tenemos: nosotros somos inferiores por esto”. 

Decía que el aborto es mucho peor que un crimen mafioso, “porque el crimen de quien asesina a una creatura que carece de cualquier medio de defensa no tiene parangón; no hay nada más siniestro, ni más horrendo”.

Cada niño abortado es un ser humano único, irrepetible, su aporte a la humanidad jamás podrá darse, pues no solo los famosos, cuyas madres estuvieron a punto de sacrificarlos, como Cristiano Ronaldo, Andrea Bocelli o Franco Zeffirelli, sino también los seres humanos comunes tienen un aporte personal inédito que dar. 


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