Busquemos lo posible

AGO, 12, 2019 | 00:10 - Por MANUEL CASTRO M.

Manuel Castro M.

Hay indignación, dolor, por lo que estamos viendo -o no quisimos ver- ha sucedido en el Ecuador en estos últimos diez años: autoritarismo, corrupción, partido único abusivo, plan para acercarnos al fracasado “socialismo del siglo XXI” (una mixtura entre neo marxismo, populismo, uso hipócrita de las religiones, o sea la utilización de la fe en Dios, cuando ya lo daban por muerto).
Frente a un país en crisis, los mismos responsables quieren seguir solucionándonos el problema que ellos mismos han agudizado. Karl Popper afirma al respecto: “Las cosas andan mal, pero nunca hemos estado mejor”. Ya sabemos que vivimos un engaño populista y sus nefastas consecuencias. Lo sabe el pueblo (todos somos pueblo). 

Cierto que a momentos cunde el desaliento, pero hay que admitir que no hay soluciones mágicas, que la realidad es la única verdad. Popper, cuyas ideas sintetiza Vargas Llosa en su libro “La llamada de la tribu”, tiene como idea central la “sociedad abierta”  y la “cultura de la libertad” cuyo enemigo es el nacionalismo,  hipócritamente usado por los regímenes totalitarios (o por Trump, quien por ser racista ya es desechable como líder progresista y libertario).

Uno de nuestros graves problemas es “la maquinaria estatal” que legalmente tenemos, pues como afirma el  mismo Popper,  constituye el máximo peligro para la libertad individual. Vemos que no nos podemos zafar del Consejo de Participación Ciudadana, un absurdo  ya que es un  poder “ciudadano estatal” (contradicción de contradicciones,) pagado por el Estado y que a la corta o a  la larga, de subsistir, será utilizado por el sistema político. Un atentado a la lógica, pues un resultado malo es resultado de una teoría mala, cuyos resultados negativos no lo enmiendan ni siquiera  hombres probos o sabios.

Históricamente tenemos el fracaso del poco científico marxismo, convertido en religión por sus fanáticos, que siempre quisieron apoderarse de los pueblos, mediante ofertas de igualdad y solidaridad. Bien dice Lamartine: “La más homicida y la más terrible de las pasiones que se puede infundir a las masas, es la pasión de lo imposible”.


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