A quién le importa…

SEP, 08, 2019 | 00:15 - Por ALFONSO ESPIN MOSQUERA

Alfonso Espín Mosquera

Cuando no hay para comer, vestirse o matricular a los niños en la escuela, qué importancia tienen otras cosas. Cuándo la salud apremia, no hay trabajo y los hospitales públicos no tienen medicinas, o los del IESS las tienen caducadas, qué importa lo demás, o  cuando no hay para el pasaje ni para salir a buscar empleo, tampoco importan las noticias de la corrupción atroz de los que ahora están prófugos.

No hay tiempo ni posibilidad para pensar siquiera que las carencias las debemos a los que se daban de “revolucionarios”, a los que se rasgaban las vestiduras y apuntaban con los dedos tachando a medio mundo como culpables de las penurias del país y, sobre todo, ofreciendo arreglos con una “competencia tal” que convencieron a tantos necesitados del país, muchos de los cuales cayeron en el fanatismo, al punto que a más podredumbre destapada, más delirio por los gestores del mal.

Qué lamentables momentos hemos vivido en el Ecuador, qué terribles casos de enriquecimiento ilícito, de trafasías, robos, componendas, mentiras, farsas, insultos, sabatinas, prepotencias, sobreprecios y, la población se ha quedado adormitada, en coma político u ocupados en la pauperización de su propia vida porque no logra satisfacer sus necesidades básicas.

En medio de este panorama nos llegan diariamente miles de venezolanos, como una muestra y resultado de otra “revolución”, la bolivariana y, como no tienen documentación hábil para una contratación bajo los parámetros laborales, terminan al frente de los empleos que ocupaban los locales, pero con sueldos irrisorios y, como la situación de estos hermanos latinoamericanos es de total vulnerabilidad, son de atención prioritaria en salud, educación y claro, a cargo de los erarios nacionales que no alcanzan ni para los propios nacionales.

Nos falta todo, conciencia ética, social y política, moral pública, orden y organización y, sobre todo recursos, el dinero que se han llevado y que no aparecerá, ese que ya lo disfrutaron los jeques del “socialismo del siglo XXI” y que lo continuarán usufructuando después de cumplir con sus exiguas condenas, si es que llegan a la cárcel.

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