Documentos extraviados

SEP, 14, 2019 | 00:05 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

Aunque la prioridad de una gran masa de ecuatorianos es el llevarse a la boca el pan diario, bien cabe recordar que si es urgente que el hombre coma, es importante saber qué tipo de hombre es el que come. Las circunstancias socio-económicas imperantes a lo largo de los años han impedido a nuestros compatriotas el detenerse un momento a reflexionar sobre su identidad. En pocas palabras las necesidades básicas insatisfechas no propician el pensamiento identitario, de hecho, ningún pensamiento. Si a eso se añade la voluntad tácita de los políticos de impedir el desarrollo de la visión crítica de la realidad tenemos la mesa servida para el festín de las indefiniciones “quemeimportistas”.

¿A cuántos ecuatorianos les podrá interesar la desaparición del testamento de Eugenio Espejo que reposaba en el Archivo Nacional? ¿Quiénes se lamentarán por este hecho? Cuatro ratones de biblioteca y tres polillas de archivo y nadie más. Esto a pesar de que el personaje debe ser mirado como una de las bases de nuestra nacionalidad republicana. 

Esta noticia por lo menos salió en los periódicos, aunque ignoro si tuvo repercusión nacional, por haberse generado en Quito y tratarse de un prohombre quiteño; pero esta es otra historia. Otros hechos ni siquiera se convierten en noticia. Por ejemplo, también en relación con el Precursor: ¿Cuántos ecuatorianos, incluidos historiadores, conocen de un manuscrito suyo que permanece en manos privadas, y en el extranjero si no estoy mal informado? 

Resumo la historia como la conozco: el Municipio de Quito entregó a Mons. Federico González S. un conjunto de manuscritos de Espejo para su publicación; el arzobispo historiador no pudo publicarlos todos y encargó algunos de los inéditos a dos discípulos. Dos de los manuscritos (bastante defectuosos) se publicaron en 1923, pero el otro viajó fuera del país junto con su depositario. Creo que no ha regresado

Se me acaba el espacio, pero no el amargo conocimiento de que muchos documentos han desaparecido de nuestros archivos y con ellos parte de nuestra historia. Ojalá estuviera equivocado.


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