Esclavos por celular…

SEP, 29, 2019 | 00:02 - Por ALFONSO ESPIN MOSQUERA

Adquirir algún bien o servicio debe ser un acto de la decisión propia de quien,  siendo plenamente capaz, tiene la facultad de elegir lo que consume.

Sin embargo, hoy es “normal” que recibamos en nuestro celular llamadas insistentes ofertándonos seguros, obsequios promocionales,  planes de telefonía, cremas para todo mal, suplementos alimenticios, tarjetas de crédito, vacaciones prepagadas e infinidad de productos con “gangas y rebajas incomparables”, pero cargadas de una astucia tramposa, para endeudar al ciudadano.


Todos hemos recibido llamadas de números celulares imposibles de acceder, pues pueden marcar, pero no reciben entrantes y, después de felicitarnos por nuestro gran “desempeño crediticio”, de desearnos lo mejor para la vida, pasan a presentarnos productos o servicios que “no tienen costo” y que debemos tenerlos a como dé lugar para lograr la felicidad que merecemos.


Con seguridad las empresas que se dedican a estos menesteres tienen acceso a las bases de datos de información de los ciudadanos, bien porque o pertenecen a las mismas instituciones financieras en las que una persona tiene su cuenta, o porque la información que debería ser confidencial se filtra para estos efectos.


Francamente hay un asedio que no respeta límites y, a nombre de que la llamada será grabada, para dejar constancia de la transacción, hacen las preguntas “claves” que le llevan al “consumidor”, en muchos casos a personas de la tercera edad, para que se comprometan con alguna negociación y empezar a pagar rubros mes a mes en su tarjeta de crédito.


Un básico principio de la convivencia social dice que no todos los actos legales alcanzan el nivel ético - moral y, vale preguntarnos si esta forma de “acoso comercial”, permitida por la Ley, no viola nuestra privacidad al punto de convertirnos en esclavos de deudas que no hemos buscado.


Es hora de que las autoridades frenen estos atropellos, porque no es basta el sentido común del consumidor, pues los ardides que lanzan los “vendedores telefónicos” son astutos y preparados para atrapar a sus presas, muchas de las cuales terminan con ingentes deudas que les esclavizan inmisericordemente.


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