Los difuntos son recordados con ritualidad en Otavalo

OCT, 31, 2019 |

UNIÓN. Los familiares llevan comida a sus deudos y levantan plegarias.

Redacción OTAVALO

Como todos los años, en esta época las 68 comunidades indígenas afiliadas al Cementerio Unorico Samashunchik, de Otavalo, se preparan para la celebración del Día de los Muertos con sus tradiciones ancestrales. 

Con anticipación, los familiares de los difuntos acuden al Campo Santo a pintar, limpiar y arreglar las tumbas. También alistan los productos para preparar la comida que les gustaba a sus seres queridos, y que se servirán el 2 de noviembre, junto a la tumba. 

Los indígenas visitan de lunes a jueves, por costumbre, a quienes pasaron a la otra vida, pero el 2 de noviembre la asistencia es masiva. 

Acuden al cementerio de la ciudad a rendir culto a través de ofrendas, cánticos y rezos a sus familiares, son tradiciones ancestrales de sus antepasados que se mantienen de generación en generación en los pueblos kichwas de la Sierra Norte. 

CULTO. Los cánticos en las tumbas no faltan en estas fechas.

Actividades tradicionales 
Para conmemorar esta fecha, los indígenas preparan diferentes alimentos, especialmente el plato preferido del difunto. Luego van al camposanto a tempranas horas de la mañana del 2 de noviembre. Colocan coronas y tarjetas sobre la cruz. Posteriormente, sobre la tumba ponen una batea llena de alimentos (arroz, papas, fréjol, tostado, mote, carne, plátanos oritos, aguacates, guaguas de pan, colada de churos, champús, entre otros), con el propósito de que su ser querido deguste de los productos en familia.

EL DATO
Alrededor de 12.000 personas visitarán el camposanto de Otavalo el 2 de noviembre.
Muchos indígenas no han perdido la costumbre de estar alrededor de las tumbas, relatar los acontecimientos importantes que ocurrieron durante el año o en ausencia de la persona querida, según su creencia, con el fin de que el fallecido conozca todo lo ocurrido. 

Luis Guamán, presidente del Cementerio Unorico Samashunchik, cuenta que todo el día permanecen las familias orando con la bendición del sacerdote que celebra la misa, pidiendo el descanso eterno de las almas de todos los difuntos. En las afueras, y a lo largo de la calle principal, se ubican varios vendedores, mestizos e indígenas, quienes ofrecen diferentes platos gastronómicos de la época, así como también frutas, flores, tarjetas, coronas y otros productos.

El dirigente señala que con los representantes de las 68 comunidades se realizan mingas de limpieza antes y después del 2 de noviembre. “Esta es una costumbre para mantener siempre limpio el sitio. Luego de estas actividades las familias se retiran a sus comunidades, donde en cada uno de los hogares comen los platos tradicionales como el champús, la colada morada y las tradicionales guaguas de pan preparadas en leña”.

COMERCIO. Vendedores indígenas y mestizos se apuestan en las afueras del cementerio.

Punto de vista
La antropóloga Linda D’Amanico destaca que estos rituales que llevan a cabo los indígenas otavaleños, son una especie de hiperrealidad, que habla acerca de la necesidad que tienen los seres humanos de darle razón a sus vidas. 

EL DATO
En Otavalo existen dos cementerios; uno de la comunidad mestiza y otro de los indígenas.
“En este caso el banquete para los muertos recuerda a los participantes sobre la precaria línea invisible que separa la vida de la muerte, a la vez que une el tiempo y el espacio por medio de las generaciones con sus sentidos”, dice la experta. Agrega que el hecho de dar algo a los parientes y a los menos afortunados, alimenta redes de conexión que podrían ser utilizadas fuera del cementerio. 

Destaca que dentro del ciclo agrícola, el Día de los Difuntos coincide con el inicio de la siembra de maíz. “Esta fecha sugiere el renacimiento y la regeneración de las fuerzas alimentarias, proceso que se logra a través de alimentar y despertar a los antepasados que viven en el interior de la tierra”. (PMHR)