En vida la educación

NOV, 11, 2019 | 00:05 - Por MANUEL CASTRO M.

Manuel Castro M.

En sus “Ensayos”  Montaigne afirma que andamos “con la boca abierta tras las cosas venideras, cuando nuestra influencia sobre el futuro es menor que la que pudiéramos tener sobre el pasado”, concluyendo que “jamás estamos centrados en nosotros mismos”. Viene al caso sobre lo que actualmente vivimos en el Ecuador: corrupción, desigualdad y crisis de la educación.

Debemos tranquilizarnos y no decir sin réplica que las manifestaciones de octubre del presente año, con su violencia, vandalismo y crimen organizado, son  lo más grave que ha sucedido en la historia del Ecuador. Olvidamos el asesinato de García Moreno, el arrastre de los Alfaro,  la matanza de los obreros (15 de noviembre de 1922), la “Guerra de los 4 días” (1932, por lo menos 1000 muertos), el Protocolo de Río de Janeiro (1942), hechos nefastos e imborrables que tanto dolor nos han causado a los ecuatorianos. Con su ironía habitual  afirma Borges: “A todos nos ha tocado vivir los tiempos más difíciles”.

Por temor la gente ha llevado a pedir que nos “armemos” para defender nuestros bienes y personas. Olvidan que la violencia engendra más violencia. Igual error cometió el dirigente indígena que habló de crear un ejército indígena. Es crear un estado de guerra. La II Guerra Mundial causó 50 millones de muertes, el Holocausto  tuvo 6 millones de víctimas judías (crimen racista). 

Solo hubo perdedores: perecieron millones de soldados del bando ganador, Europa quedó asolada  y Alemania en especial fue destruida y dividida, los jerarcas nazis se suicidaron o fueron ahorcados, la ganadora Inglaterra perdió sus colonias, el Imperio japonés fue humillado. Por tanto, hay que fortalecer a la Fuerza Pública y los demás a trabajar por el país en lo económico, educativo y social.

En el presente, hoy, hay que atender a la educación, no solo preparar en los avances  tecnológicos y de la producción, que esa es su  misión, sino “formar” a los estudiantes, inducirles a una recta conducta. Eso se logra con una verdadera formación humanística, esto es,  preparación filosófica, histórica, cultural, sin sectarismos u orientaciones ideológicas.  

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