No-personas

FEB, 08, 2020 | 00:15 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

Hace 75 años la guerra puso término a la máquina de asesinar llamada Auschwitz. Allí, y en otros campos de exterminio, los nacionalsocialistas experimentaron formas industriales de aniquilación masiva de seres humanos, para hacerlas más eficientes y baratas.

Se conoce muy bien la causa de esta despiadada iniciativa: eliminar a todos los seres humanos considerados no-personas, comenzando por los judíos. Antes de la puesta en marcha agresiva de la llamada “Solución final”, los ideólogos y técnicos nacionalsocialistas habían intentado la supresión de otras no-personas: los locos, los enfermos incurables, los transmisores de taras genéticas…

El denominador común para ingresar a la lista de los eliminados consistía en el ser no-persona, tener la apariencia, pero no su esencia; matarlos no constituía ningún crimen, antes bien, se consideraba un aporte al progreso de la humanidad sin ninguna connotación moral. En una ocasión Goebbels se refirió al futuro exterminio de los judíos y recalcó que no se limitaría a la supresión de los cuerpos, sino que no habría ni ritos fúnebres, ni oraciones, ni sepulturas. Con ello no solo daba a entender la voluntad de aniquilación total de parte de la Humanidad sino la constancia de no reconocerla como tal: no se pierde tiempo en ceremonias por no humanos, vale decir por animales. 

En la actualidad ya nadie puede apelar al concepto de raza para clasificar a los seres humanos, pues la ciencia afirma sin equívocos que solo existe una, a la cual pertenecemos todos quienes entramos en la clasificación de Homo Sapiens. Sin embargo, aun en medios pretendidamente muy avanzados en defensa de los derechos se cataloga a muchos humanos como no-personas y se procede, de manera casi industrial, a eliminarlos. Allí están los millones de niños no nacidos a quienes se les redujo a no-personas para poderlas suprimir sin remordimientos de conciencia. A ellos se suman cada día mayor número de ancianos y enfermos, también eliminados del censo humano.

Antes como hoy la irracionalidad vence cuando se buscan motivos accidentales para discriminar y eliminar; para combatirla actuemos con respeto a las evidencias de la razón.


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