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Imponente faena de Emilio de Justo en Ambato

FEB, 25, 2020 |

Poder. Impresionante pase de pecho de Emilio de Justo ayer en Ambato. (Foto: Alberto Suárez)

Por: Santiago Aguilar

El matador de toros español Emilio de Justo fue el protagonista del episodio más destacado de la feria ambateña, al cuajar una imponente faena a un bravo toro de Peñas Blancas. El afortunado encuentro de un torero en estado de gracia y un ejemplar de sobresaliente comportamiento posibilitó un quehacer sobrio y rotundo que sobrecogió a los aficionados que siguieron con interés y emoción una labor que bien puede registrase como histórica.

Abierto de capa, Emilio de Justo dibujó verónicas de preciosa confección, como ceñidas resultaron las chicuelinas que dieron forma al quite luego del tercio de varas. Vistas las condiciones del toro, que tomaba los engaños con prontitud y bravura, el torero se fue a los medios para hilvanar series de muletazos con la mano derecha que tuvieron temple, trazo y categoría, en correspondencia con las prestaciones de un animal que requería firmeza, poder y colocación.

Así las cosas, el lidiador, exhibió sus credenciales de figura del toreo al intercalar los portentosos pases con la diestra con compuestos naturales; sin embargo, la intensidad de las acometidas por el pitón contrario determinaron el cuño derechista del trasteo. Las tandas, una a una, fueron rematadas con largos pases de pecho.

Jinete. El espectacular toreo a caballo de Óscar Borjas. (Foto: Alberto Suárez)

La seriedad de la obra, fue tonificada con las manoletinas previas al encontronazo final a la hora de la verdad. El coleta se perfiló con la espada con generosa entrega; cambió la estocada por una impresionante voltereta que aseguró las dos orejas y la consecuente puerta grande.

El caso es que Emilio de Justo rubricó en Ambato una obra mayor. Una faena sin alardes ni concesiones, con la belleza seca del toreo de siempre.

En el segundo de su lote, exhibió voluntad ante un oponente que no le ofreció opciones de triunfo.

Fue por delante el  rejoneador Óscar Borjas que confirmó sus cualidades como jinete y su espectacular concepto del toreo a caballo. En su primero perdió el trofeo por errar con el rejón de muerte. En el quinto de la tarde, un buen toro de Mirafuente, clavó las banderillas con precisión en especial montando al caballo Manzanares y en la suerte del violín conduciendo a Jarto. En el tercio final, esta vez acertó, para recoger un apéndice.

Una dispar presentación ante el público de su tierra consumó Francisco Cortez. En el corrido en tercer lugar lució desbordado por la responsabilidad y la enorme calidad del toro de Vistahermosa que le cupo en suerte. La falta de rodaje impidió que aproveche las dulces embestidas de Jalador, astado de triunfo grande al que no supo desorejar. En el que cerró la corrida, consiguió un apéndice de mano del generoso apoyo de sus paisanos. Toreo de capote con corrección y prendió las banderillas con valor. Con la muleta,  una larga sucesión de pases aislados activaron el entusiasmo popular que se desbordó luego de una estocada en la que resultó empitonado sin consecuencias.

La feria se cerró con la imagen de Emilio de Justo recorriendo a hombros el redondel tras una tarde que le encumbró como máximo triunfador del breve ciclo de corridas.