Noticias falseadas

MAR, 14, 2020 | 00:02 - Por CARLOS FREILE

Carlos Freile

El sábado 7 del presente mes apareció en este diario una pequeña noticia con un título mentiroso: ‘Renuncia cardenal que encubrió a pedófilo’. El texto comenzaba así: “El papa Francisco aceptó la renuncia del arzobispo de Lyon, el cardenal Philippe Barbarin, cuestionado por su silencio ante los abusos sexuales de un exsacerdote de su diócesis, acusación de la que fue absuelto ante la Justicia, anunció ayer la Iglesia Católica”. 

Nótese la malicia del redactor, además de su impericia sintáctica (no se dice “absuelto ante la Justicia” sino “por la Justicia”), pues después del título tramposo y antes de señalar a regañadientes que fue absuelto por la Justicia, habla del cuestionamiento por el supuesto silencio del cardenal. Nótese, además, la sutileza de callar que se trató de la Justicia ordinaria, la civil, la del Estado francés, en los tribunales republicanos, con lo cual algún lector podría colegir que se trataba de la eclesiástica, pues la información viene de la Iglesia. 
En palabras mondas y lirondas, el cardenal Barbarin no encubrió al exsacerdote; lamentablemente, pareciera que el redactor no habría querido aceptar la realidad y trató de adecuar la redacción del corto texto, con el título calumnioso de entrada, a sus propios prejuicios. Algo inimaginable en el periodismo honesto. El asunto se agrava cuando se conoce que muchísimos lectores no leen nunca el cuerpo del artículo, por mínimo que fuera y se quedan con su encabezamiento.

Este es un pequeño ejemplo del triunfo de los prejuicios sobre la honestidad y sobre el profesionalismo. No es ni el primero ni el último. E. Mounier nos alertó sobre las opacidades, aquellos obstáculos que impiden el conocimiento y aceptación de la realidad, en especial aquellas que provienen de elecciones personales realizadas con mayor o menor conciencia. Una de las más dañinas, por enceguecedora, es la ideología, aquella que lleva a adaptar los hechos a la teoría, a buscar confirmación de la idea preconcebida y que, desgracia descomunal, impide el reconocimiento del error y la consecuente búsqueda de la verdad.

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