Salvemos al Estado

MAR, 20, 2020 | 00:02 - Por Paco Moncayo Gallegos

Se solía decir que en los momentos de paz todos se olvidan de Dios y vilipendian al soldado, mientras que en los de peligro todos invocan a Dios y se protegen en el soldado. En la actual situación de incertidumbre y dolor provocados por la pandemia del coronavirus que azota a la humanidad, podemos modificar la frase y expresar que una abrumadora mayoría invocamos a nuestro Dios y volvemos la mirada al Estado.

Y con razón, porque la propia existencia de esta organización política se justifica, solamente en la medida que pueda protegernos de las amenazas que acechan contra la felicidad y bienestar de las personas; necesitamos del Estado para que cree condiciones adecuadas para la inversión y la generación de empleo, para que la riqueza se distribuya con equidad y justicia, para organizarnos en los momentos de graves desastres naturales, para protegernos de la asechanza del crimen organizado, el cambio climático, para que todos podamos tener una adecuada educación y servicios sanitarios confiables; en fin, para muchas de las cosas que importan para nuestras vidas.

Por esas razones debemos ser exigentes con el Estado y con los gobiernos encargados de administrarlo; porque cuando se dilapidan los fondos públicos, se los administra irresponsablemente, se los convierte en botín político o en medio para el enriquecimiento ilícito, sucede como hoy, que el país está en indefensión, le falta los recursos que se dilapidaron o robaron y el obeso aparato  burocrático que organizaron, todo lo dificulta, todo lo traba,  estorba más que sirve, mostrándose incapaz de responder  adecuadamente cuando más lo necesitamos.

Las dolorosas circunstancias que soportamos, deberían llamarnos a la acción para salvar al Estado de los malos partidos y movimientos políticos, patrimonios de aventureros audaces y sin escrúpulos; de procesos fraudulentos para la elección de las autoridades; de nosotros mismos, de nuestra indiferencia hacia la política, de nuestra irresponsabilidad y descuido con los deberes ciudadanos.

Por los momentos de incertidumbre, desconcierto y perplejidad que estamos atravesando, por el dolor que abruma a tantas personas, es importante que,  superadas estas dramáticas experiencias, seamos capaces de  sumar esfuerzos y voluntades para para iniciar urgentemente con la construcción  de un nuevo Estado eficaz, eficiente, económico, honesto y confiable.  

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