Luto y represión

MAY, 17, 2020 | 00:04 - Por Kléber Mantilla Cisneros

No todo está perdido por la pandemia de Covid-19 pero sí, tal vez, por la corrupción y falta de un movimiento transformador. Causa pena y duelo regresar a la ‘nueva normalidad’ agravada no por el virus sino por un pésimo gobernante.

Esa improvisación sin liderazgo y aprovecharse del miedo, confusión y conmoción, e implementar medidas ‘shock’ y luego borrarlas, como bajar el presupuesto de educación y mantener rectores nefastos, perpetuar el latrocinio en hospitales y quebrar el resto de empresas de todo tamaño, acabar con el Seguro Social y pauperizar la vida cotidiana.

El sistema público ‘correa-morenista’ parece una moneda; de un lado el sobreprecio en compras públicas y, al reverso, garrote en la calle ante el reclamo. En la esquela funeraria del gobierno viene escrito un acróstico que multiplica el hambre: hurto, ambición, miseria, banca abusiva, ruindad y enemistad. Un obituario de desempleo y marginación.

La ley de respuesta, cualquiera que sea, se volvió aviso funerario pues busca sumisión y humillación. El problema está en que ya nadie cree lo que sucede. En vez de volver a comercializar el petróleo vendido a Petrochina y Tailandia se saca dinero de la pobre educación y precarización por más multas e impuestos. En vez de rescatar derechos humanos, unidad y solidaridad se envían policías y militares, tiránicos e indolentes, a reprimir vendedores ambulantes desesperados y a gasear plantones estudiantiles. En vez de proteger la libertad de expresión, se cocina la infodemia de mentiras en red. La pandemia desinformativa por el pánico en la nube: curas falsas, murciélagos, laboratorios diabólicos de Bill Gates, desmayos y ataques cardíacos, la huida masiva de ciudades por ovnis verificadores y el anti-chinismo xenófobo.

En vez de equilibrar justicia e interculturalidad, se fabrica una semaforización ciega carente de pruebas del virus, sin datos, que fracciona comunidades por la incertidumbre. En vez de impulsar la agricultura urbana, huertos en terrazas y autonomía alimentaria se dispara el consumo de plástico y crecen sin furor cadenas de supermercados hasta agotar el papel higiénico. Acaso, ¿desastre, luto, caos y represión son los matices de la ‘nueva normalidad’? ¿No será de inventar un plan y cambiar algo?

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