La dignidad humana

MAY, 25, 2020 | 00:04 - Por CARLOS FREILE

En tiempos de catástrofes, la perdedora suele ser la dignidad de las personas; los detentadores de cualquier tipo de poder tienden a aprovechar las circunstancias para pescar a río revuelto. De allí surgen los negociados, los sobornos, los chanchullos de todo tipo que siempre lesionan la dignidad de alguien: damnificado, enfermo, pobre, anciano, niño, mujer…. Lo hemos tocado con mano en la dolorosísima experiencia por la que atraviesa nuestro país.

En medio de estos obscuros panoramas nos beneficia el recordar a los grandes luchadores por esa dignidad; hoy quiero referirme a Juan Pablo II, pues el 18 de mayo se cumplieron los cien años de su nacimiento.

Nacido en una pequeña población de Polonia, Karol Wojtyla, venció enormes dificultades para alcanzar su meta: ser sacerdote. No fue fácil para él vivir largos años sumergido en dos de las mayores epidemias espirituales de la Historia: el nacionalsocialismo y el comunismo.

A lo largo de su vida, tanto en su labor pastoral como en la académica, con obras y palabras luchó en defensa de la persona humana, de su dignidad natural, independiente de las condiciones adjetivas que puedan darse. En este aspecto conviene recordar sus profundas obras filosóficas enmarcadas en el personalismo cristiano, fuente de reflexiones de permanente actualidad y que nos señalan caminos en estos tiempos complicados.

Juan Pablo II centró sus enseñanzas sobre el respeto a la dignidad humana en dos ejes convergentes: la solidaridad y la misericordia. Por “solidaridad” debemos entender la caridad en su sentido auténtico, el amor al prójimo sin fijarse en sus cualidades ni en su mayor o menor cercanía a nosotros. Por “misericordia”, el saber mirar con comprensión la realidad del otro, compadecerse de él, en otras palabras participar de sus angustias y colaborar codo a codo para su superación.

La pandemia nos ha metido de lleno en una situación límite, solo se puede actuar con entereza.  Cada persona está llamada a dar lo mejor de sí misma, pues de lo contrario nuestra dignidad humana desaparecerá en manos de los cínicos.

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