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La pandemia incentiva los huertos urbanos

MAY, 25, 2020 |

TIEMPO. Desde hace 12 años Luz Trujillo trabaja en su huerto urbano.

Cualquier espacio puede adaptarse para sembrar. También sirve como terapia recreativa.

Redacción QUITO

Durante la emergencia sanitaria ocasionada por el Covid-19, Luz Trujillo ha hecho honor a su nombre. Ella ha iluminado a sus vecinos, del barrio Pueblo Unido, al sur de Quito, con los productos que genera su huerto urbano.

Trujillo es parte del proyecto de agricultura urbana ‘Agrupar’, conformado por 1.460 huertos, trabajados en un 84% por mujeres.
“Esta pandemia nos sorprendió, pero tuvimos para alimentarnos; alimentar a los vecinos y a los clientes que nos vienen a llevar de aquí”, cuenta la mujer de 70 años, mientras recorre los invernaderos donde siembra tomate riñón y otras hortalizas.

A cielo abierto cultiva rábano, remolacha, uvillas y jícama. Esta última, explica, es una raíz con un sabor similar al de la manzana, pero con menos azúcar, por lo que muchos clientes con diabetes la consumen.

Al otro extremo de Luz vive Fanny Maisincho, quien también ha enfrentado la emergencia con su cultivo, ubicado en San Pedro de la Tola, en Yaruquí.

La espinaca, zanahoria, acelga y brócoli del huerto de Fanny también solventa a los moradores de su parroquia, ubicada al nororiente de la capital.

Cualquier espacio es bueno

Pablo Hernán Garófalo, experto de ‘Agrupar’, dice que cualquier espacio puede ser adaptado para cultivar: balcones, jardineras, terrazas...

“Esto nos ayuda bastante para la producción de alimentos sanos, nutritivos, frescos para la familia”, comenta Garófalo.

El experto recomienda que los lugares tengan acceso a sol y agua. Además, es posible reciclar. Por ejemplo, en lugar de macetas se puede utilizar botellas plásticas.

Para abonar la tierra se puede reutilizar los residuos orgánicos que genera el hogar, como las cáscaras de huevo. “Las secamos por dos días al sol, luego las trituramos y eso se convierte en una fuente de calcio para la tierra”, agrega Garófalo.

Cuando el lugar no tiene mucha luz, las plantas que se adaptan más fácilmente son las aromáticas y medicinales. Menciona que, además, esta actividad puede ayudar a sobrellevar el estrés que causa la cuarentena, ya que es una terapia recreativa.

“Para mí tener mi huerto es una distracción. Cuando tengo algún problema en la casa, salgo y me quito el estrés con mis plantas”, refiere Trujillo.

COMUNIDAD. En la emergencia sanitaria los vecinos de Fanny se han abastecido gracias a sus productos.

Comercialización y emprendimiento

Se estima que al menos el 43% de los huertos tiene posibilidades de comercialización de su producción.

Luz, además de consumir lo que su huerto le da, también vende “a peso y precio justo”, dice.

La mujer, que describe a sus plantas como hijas, resalta que todo es orgánico, por lo que la alimentación es más sana.

A raíz de la buena aceptación de sus verduras y hortalizas, aprovechó su talento para cocinar y creó el emprendimiento ‘Mis Golosinas’.

Con lo que sale de su tierra, elabora pan de papa, de chocho, de quinua, amaranto. Hace galletas, alfajores, pasteles de higo, granola de amaranto, mermeladas y pasta de espagueti.

Algo similar le pasa a Fanny, quien también está adecuando espacios para criar gallinas y conejos.

Todos estos productos y de otros emprendedores de huertos urbanos se ofertaban en 15 ferias. Ahora las redes sociales son la forma para promocionarse.

Aprender desde casa

Antes de la emergencia sanitaria, ConQuito realizaba capacitaciones de dos meses e inclusive daban asistencia técnica. Ahora se abrirán cursos virtuales. Los interesados pueden escribir a: [email protected]
“De esta manera se busca hacer una producción en casa acorde a su necesidad y con manejo técnico, para que la gente se motive al cosechar sus productos”, agrega el experto de Agrupar. (AVV)

"Hay mucha gente que ha hecho de estos huertos una alternativa ocupacional para generar ingresos para su familia”.

PABLO HERNÁN GARÓFALO
EXPERTO DE ‘AGRUPAR’

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