‘El poderoso caballero don Dinero’

JUN, 15, 2020 | 00:04 - Por MANUEL CASTRO M.

Hay indignación por la serie de atracos, tanto en el sector público como en el privado, y en plena pandemia, cuando deberían aflorar sentimientos de solidaridad y servicio al prójimo. Pero la verdad es que predicar moral no produce moral. De ser así los robos del anterior régimen no continuarían en auge en el presente, pues se ha condenado y anatemizado a los responsables, lo cual en sí es una afrenta, a pesar de que alguien comenta en forma cínica que pasa el boche y queda la plata.

 Edwards Bello considera que la moral es mejor no predicarla, al decir en forma criolla que “las vacas no deben alimentarse con leche para producirla”. Los penalistas siempre se han percatado que con igual entusiasmo se defienden los culpables como los inocentes. Aún ante las evidencias niegan su responsabilidad. Se cuenta que un individuo fue acusado de robar un reloj, su abogado lo defendió tan bien que fue absuelto. El ‘inocente’ le dijo a su letrado: “No tengo dinero para pagarle sus honorarios, pero por lo menos acepte este reloj”. El ex presidente Correa vino con siete costosos abogados para defenderse; cómo les agradeció es de suponerse. Los enamoramientos y el dinero como la fritada se huelen enseguida, es dicho popular.

Se afirma que roba quien carece de dinero. El dinero no es el que corrompe. Roban algunos ricos y la gran mayoría de pobres no roban. No siempre la pobreza conduce al delito. La honestidad o la falta de ella se encuentran en la persona. La frase: “el justo peca en arca abierta” no es verdadera pues descalificaría a toda la humanidad. El dinero, que en sí no es bueno ni malo, habla de quiénes somos. Hasta Borges, tan ajeno a lo material, comentaba: “Bueno, el dinero no es importante, pero ayuda”. Un aforismo de Wilde : “El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida que se necesita un especialista para verificar la diferencia”.

La honestidad se aprende con el ejemplo y con la educación. El P. Arrupe, Superior de los jesuitas, decía: “No hables de Jesús, haz lo que Él hacía”. De no irse por esos cauces la acción moral se desvanecerá.

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