En crudo y en cocinado

JUL, 06, 2020 | 00:02 - Por ALFONSO ESPIN MOSQUERA

Santiago Quinteros, montañista ecuatoriano con calidad internacional, perdió la mitad de cada uno de sus pies en un ascenso al Aconcagua, donde tuvo que dormir a 45 grados bajo cero, lo que le ocasionó el congelamiento de los pies y la posterior amputación, para salvar su vida.

Después de este lamentable suceso, tuvo que aprender a caminar nuevamente y todos pensaron que nunca más volvería a la montaña, pero gracias a su esfuerzo y constancia, se ha convertido en el único montañista sin pies, en ascender sin oxígeno a varias cimas de los Himalayas, incluido el Everest, la cumbre más alta del planeta.

Desde aquellas conquistas, Santiago dicta charlas de superación en las que predica que no hay límites cuando uno se propone algo, a pesar de las adversidades. A pesar de la falta de sus pies, él jamás solicitó un carné de discapacidad y por tanto nunca se ha beneficiado de esta circunstancia, que en su caso bien merecido lo tendría; sin embargo, una sarta de políticos, entre ellos asambleístas, algunos de los cuales se llenan la boca hablando de honestidad, se han beneficiado de importaciones de vehículos, de disminución de impuestos y de todas las ventajas que un carné de discapacidad otorga a quienes por una limitación, se vuelven ciertamente vulnerables.

Este es un país de avivatos, de pillos y deshonestos, con honrosas excepciones por supuesto, en el que la corrupción es el móvil para enseñorearse en plataformas políticas, a sabiendas que su propia vida es falsa y sus logros, resultado del engaño.

No han faltado los ‘memes’, como aquel de un “señorito político” que observa un vehículo de lujo y piensa que solo le falta el carné de discapacidades para obtenerlo. Después de lo visto, nacen pensamientos desde el humor negro que definitivamente en el Ecuador no existe, pues lo que parece falso, aquí es sí real.

Qué nos vendrá, de qué tendremos que enterarnos en los próximos tiempos, bien lo dice el popular ‘Don Miche’, si los políticos se van a la cárcel, ¡quién nos gobierna!

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