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Patrimonio de UNESCO, crisis por declarar mezquita a Santa Sofia

JUL, 13, 2020 | 00:10

Erdogan pidió que hasta el primer rezo, el 24 de julio, no se realicen congregaciones ante del edificio, pero al atardecer acudieron cientos de hombres en un rezo cargado de reivindicación política. EFE

Redacción ESTAMBUL

Apoyado en una decisión de la justicia, y mediante decreto ejecutivo, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan declaró que uno de los monumentos más emblemáticos del país, la histórica Santa Sofía, dejará de ser museo para convertirse en mezquita.

En sus más de 1,400 años de existencia, la épica construcción sirvió como la catedral principal del imperio Bizantino en el años 537, en la antigua Constantinopla, como mezquita en el imperio Otomano, y como museo en la Turquía moderna.

El viernes, Erdogan, reivindicó la conquista de Constantinopla por el Imperio Otomano en 1453 como fundamento de un supuesto derecho de su país para que la antigua basílica de Santa Sofía, hasta hoy un museo, vuelva a ser una mezquita, como lo fue hasta 1934. El edificio fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1985.

"El derecho de la nación turca a Santa Sofia no es menor que el de quienes la edificaron hace 1.500 años; es incluso mayor", dijo el mandatario en un discurso transmitido en directo por la cadena NTV, en el que citó un poema que califica la reapertura de Santa Sofía al rezo como "la segunda conquista de Estambul", un concepto frecuente en los círculos ultranacionalistas-islamistas de Turquía, que llevan años exigiendo poder orar en el edificio.

Museo desde 1934
 

El primer rezo se efectuará al mediodía del próximo viernes 24 de julio y, hasta entonces, se "preparará" el espacio para la plegaria, anunció Erdogan. Los detalles no se han publicado, pero sería difícil que los fieles recen bajo una cúpula decorada con imágenes de Jesús y la Virgen, cuando el islam no admite imágenes humanas o divinas en un templo, pero hay precedentes de iglesias bizantinas convertidas en mezquitas que aplican barreras visuales.
 

Eso sí, Erdogan aseguró que el monumento estará abierto a cualquier visitante, musulmán o no.

Unesco
 

La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que en 1985 incluyó a la basílica de Santa Sofía en su lista del Patrimonio de la Humanidad, cincuenta años después de que el Estado turco reconociera el templo como un museo, advirtió que "cualquier modificación" del espacio "exige una notificación previa del Estado a la Unesco y, en caso necesario, un examen del Comité".
 

Erdogan prometió que Turquía seguirá cuidando el monumento "como la niña de sus ojos" y recordó que ha sido preservado con mimo durante siglos de cultura otomana islámica.
 

Pero rechazó cualquier crítica internacional a la conversión en un templo del islam, pues, subrayó, se trata de "un derecho soberano de Turquía" y reprobarlo sería señal de islamofobia y xenofobia.
 

"Exigir que Santa Sofía sea un museo es como pedir que el Vaticano se declare museo y se prohíba el rezo allí", opinó el presidente. EFE

Una decisión mundialmente mal recibida

Esto es un insulto a la ortodoxia, al cristianismo en general, y a toda persona pensante”.

Jerónimo II, arzobispo de la Iglesia ortodoxa Griega.

La critica de líderes religiosos es generalizada. Una de las más fuertes llegó del arzobispo ortodoxo Griega, Jerónimo II: "la instrumentalización de la religión para la búsqueda de conveniencias partidarias, geopolíticas y geoestratégicas caracteriza a quien lo intenta".
 

"El mar me lleva un poco lejos el pensamiento, a Estambul, pienso en Santa Sofía y estoy muy afligido", se limitó a decir el papa Francisco tras el rezo del Ángelus dominical, después en la Jornada Internacional del Mar, sobre la conversión de la antigua basílica.
 

La Iglesia ortodoxa rusa, por su parte, lamentó la decisión turca y advirtió que “tendrá repercusiones negativas para la paz interreligiosa y el entendimiento entre los pueblos, incluidos los de Rusia y Turquía", opinó su portavoz Nikolái Balashov.
 

El Consejo Mundial de Iglesias, que grupa a unas 350 iglesias cristianas no católicas de todo el mundo, expresó también su "dolor y consternación" por la decisión. EFE